1.23.2012

¿Que es la Iglesia?

En este ensayo propongo aclarar la idea que tenemos de la iglesia Romana: sus creencias, sus ritos, las bases de su fe, en realidad existía mucho antes de nuestra era, mucho antes que Cristo apareciera en este mundo.  La Iglesia Cristiana Apostólica Romana, no tiene nada que ver con Cristo.

Iglesia y Estado

En la antigüedad, digamos por ejemplo miles de años antes de nuestra era, en la cuenca del Egipto, el gobierno del pueblo estaba unificado en una sola figura (y un grupo de asistentes).  Las leyes eran dictadas por aquel representante de dios en la tierra quien era la cara visible de este grupo, en este caso: el faraón.  La sentencias que hacía dicho gobernante, siempre tenían un carácter divino.  De la salud del faraón dependía el bienestar del pueblo; de su estado de ánimo, la vida de sus subordinados.
No existía la división entre Iglesia y Estado.  Y no existía, porque había un único gobierno y una única creencia.  La división entre Iglesia y estado, es una característica romana.  Y fue adoptada por una decisión estratégica.  

Roma (al igual que todos los imperios), se expandió en todas direcciones y a cada paso se encontraba distintos pueblos, con distinta cultura y lenguaje.  Eran pueblos pequeños, debilitados por las constantes guerras que entablaban con otros pueblos.  Roma podía dominarlos fácilmente, o como sucedía la mayor parte de las veces, estos pueblos voluntariamente se dejaban gobernar por Roma.  Formar parte de un imperio, tenía muchas ventajas, entre ellas: los caminos y el comercio.

“Todos los caminos conducen a Roma”, dice el provervio.  Y es así, porque en realidad todo imperio necesita una vasta red de caminos (en forma de abanico) que comuniquen todas las provincias con la ciudad central.  Esto favorecía enormemente el intercambio de mercaderías, pero más aún el intercambio de culturas, de lenguas y de dioses.

Roma se estaba convirtiendo en un ciudad multicultural.  Muchos extranjeros se establecían en sus calles, llevando su cultura, sus ritos y su familia.  Poco a poco, los nuevos dioses fueron tomando más adeptos en la ciudad.  
Y por esta razón, el nombrado poder “faraónico” tuvo que separarse.  Había muchos dioses y muchas creencias, tenían diferentes visiones sobre los mismos aspectos sociales y era imposible gobernar con falta de concenso.  Entonces se decretó la libertad de culto, el politeísmo.  Cada persona podía adorar a su dios del modo que le antojara, obvio, sin contradecir el poder civil que seguía siendo el regulador del comercio.

Aquel tiempo vio el auge de las religiones.  Roma adoraba cada dios nuevo y extravagante que conocía.  Adoptaba vagamente sus ritos y comenzaba a darles ofrendas.  Había un dios para cada día del año, e incluso un día para el dios desconocido, que por miedo a su ira, también tenía que ser adorado.


La Iglesia Romana

¿Y como ve el Estado este auge? El Estado está formado por personas, y las personas deben creer en algo.  El poder civil necesita cierto aval divino en sus acciones; esto le otorga una mejor imagen ante el vulgo y trascendencia en sus actos.  Lo apoya una iglesia en particular, la más fuerte de todas, cercana al gobierno y al cesar: la Iglesia Romana.  Un grupo de personas que administra las creencias del Estado, sus ritos y el valor religioso de sus actos.  Esta Iglesia ganará muchos adeptos ya que sabe entender los gustos del vulgo, y funciona como intermediario entre el Gobernante y su pueblo.
Su misión, es mantener al pueblo contento, brindándole respuestas metafísicas que lo dejen más o menos tranquilo.  Dándoles rituales para que se sientan en armonía con Dios.
El Dios santificado, su imagen, los ritos de aquel dios y sus mandamientos, van a cambiar de acuerdo a las necesidades y el uso estratégico de los “dioses de moda”.

Dicho de otra manera, la Iglesia va a utilizar fragmentos o creencias de diversas culturas, para construir una única religión unificadora y popular.  El nombre de esta religión y los dioses santificados van a cambiar mientras dure su expansión como imperio.


Zeus

Grecia fue quizás, por su cercanía, el primer pueblo “abducido” por Roma.  Sus dioses presentaban todas las características humanas, las virtudes y los defectos.  Era un buen modo de transmitir valores a las nuevas generaciones, a través del relato de fábulas y mitos.

Roma era la ciudad más importante de su época, y pretendía gobernar todos los pueblos aledaños.  Y por esta razón, rápidamente se identificó con la mayor figura del olimpo:  Zeus, quien era la divinidad suprema.  Vestido de túnica blanca y larga barba, estaba sentado en un trono de oro rodeado de nubes.  Desde el cielo observaba todo lo que hacían los hombres.  Estaba en todas partes, y lo sabía todo.  Los premiaba o castigaba de acuerdo a su juicio.  Metafóricamente, el rol que pretendía ocupar Roma.
El nombre de este dios, se latinizó cono Deus, derivando en la palabra Dios que usamos en nuestros días.
Zeus, además de su omnipotencia y omnipresencia, tenía ciertos caprichos que parecían humanos; cada tanto, bajaba de los cielos para fecundar alguna joven.
Estas mujeres humanas, que tenían relaciones con el dios, eran consideradas benditas.  Muchas de ellas (o casi todas) daban hermosos hijos semi-divinos.  Osea, que siendo humanos por fuera, eran dioses por dentro: hijos de Dios.
El más famoso de ellos fue Hércules (Heracles para los griegos).  Hijo del dios con una mujer humana, su vida fue colmada de viscisitudes y metáforas.  Quizás las más sorprendente de ellas fue su descenso al infierno (inframundo) para pelear con el hermano maldito del dios (Hades) y volver al mundo de los vivos al tercer día.


Osiris

Era el dios egipcio de la fertilidad y la resurrección.  Era el jefe de la tríada Osiriaca, formada por su mujer Isis y su hijo Horus. El mito de Osiris introduce en la religión las nuevas ideas del bien y del mal. Osiris, es asesinado por su hermano Seth, quien lo arroja al Nilo, en donde lo encontrará Isis, quien le devuelve la vida. Con esa resurrección se establece el triunfo del bien sobre el mal.  Muere como hombre pero resucita como inmortal gracias a Thot.
Osiris preside el tribunal celestial que dictaminará la suerte de los muertos.  
Osiris también es el dios del vino, ya que fue el primero que hizo trepar la vid por una estaca y pisó los racimos.
Roma, amaba el vino.


Dionisio

Roma era una ciudad cosmopolita, todo lo nuevo la seducía.  Y su gente no tardó en darse a la diversión, los bailes, el alcohol y las orgías.  Rápidamente se divulgó la veneración a un nuevo dios que venía de Grecia, que al igual que Hércules, también era hijo de Zeus con una humana.  Era un dios joven, amante del vino y las mujeres hermosas.  Era el dios ideal para la Roma de aquellos tiempos.
Dioniso (como su nombre lo indica, hijo de Dios), tomó en Roma el nombre de Baco, dios del vino.  Junto a él, se organizaron las bacanales: fiestas orgiásticas, destinadas en un comienzo a las mujeres, y tiempo después, permitieron la incorporación de hombres.
Hacia el año doscientos antes de Cristo el senado prohibe estas fiestas, pero sus creencias ya habían prendido dentro de la cultura popular.  Especialmente una, el episodio donde convierte seis vasijas de agua... en vino.
También un rito en especial llegó a nuestros días.  En los templos dedicados a Baco, sus sacerdotes santificaban el vino, vertiéndolo en un copa y elevándola al cielo.  De ese modo creían que se incoporaba en él el espiritu santo.  Lo mismo hacían con el pan, para luego comerlo entre los presentes como gesto de común-unión.  


Mitras

El mistraísmo llegó a Roma, más o menos a comienzos de nuestra era.  Oriundo de Asia Menor, más precisamente del desierto de Irán, su religión se va a basar en el zoroatrísmo, doctrina que profesa el amor.
Esta religión también tenía sus templos: los mitreos.  Especie de iglesias actuales con capacidad para unas docenas de personas.  De forma rectangular y alargada, sus paredes estaban decoradas con pinturas de diversos momentos del mito.  Al final del recinto, estaba el altar con la figura del dios en relieve.
Mitras es un dios solar, osea que su vida es una metáfora del sol.  La fiesta más importante que tiene esta religión es el nacimiento del dios de su madre humana, que se festeja cada 25 de diciembre para el solsticio de verano.
Además, los seguidores de Mitras, santificaban también el domingo (como lo hacían todas las religiones).  Lo llamaban: el día del sol.  

El mistraísmo fue la religión más fuerte que había lo grado “formar” la Iglesia Romana.  El pueblo estaba contento y esta religión le satisfacía metafísicamente.  Tenía suficientes fiestas religiosas, y algunas paganas (como las pascua).  Y además, sus creencias no exigían grandes sacrificios.
Fue la mayor religión hasta el siglo III, en que una nueva figura obligaría a cambiar la teología y la política romana.


Jesús Cristo

Entonces... ya tenemos un dios omnipotente e iracundo, vestido con larga túnica blanca.  Que baja un día al desierto y embaraza a una mujer.  La mujer bendita, tiene un hijo varón que nace el 25 de Diciembre.  Hijo de dios, un ser semi-divino, con poderes que sobrepasan el entendimiento humano.  Capaz de convertir el agua en vino, y santificarlo.  Que bajó a los infiernos durante tres días y volvió a dejar enseñanzas a sus seguidores.  Un dios que hablaba del amor, del bien y del mal.

Pero un nuevo credo surgió entre los soldados romanos, la adoración a un nazareno que había muerto crucificado en el desierto.
La idea de Cristo como Redentor pertenece al tema mundialmente difundido y precristiano del héroe y libertador, quien vuelve a aparecer milagrosamente después de que todos pensaban que había muerto.  Hercules y Osiris forman parte de este mito.  Cuando y dónde se originó, nadie lo sabe.
Pero gracias a que este mito era muy popular, el cristianismo rápidamente ganó numerosos adeptos, especialmente entre los soldados romanos, quienes ejercieron una participación religiosa activa y muchas veces violenta.  
Los “soldados de cristo”, nombre que adoptaron como fraternidad, destruían los templos de otras religiones, mataban a sus sacerdotes y quemaban las casas de quien se les opusiera.

La iglesia tenía que calmar esta ola de violencia y comienza a negociar con sus representantes, pero sus exigencias eran muy ambiciosas.  Los cristianos reclamaban la prohibición de todas las religiones existentes por considerarlas paganas, quedando como única religión oficial el cristianismo.
La iglesia no quería ceder.  Los hechos de violencia aumentaron.  Según algunos historiadores, el incendio de Roma no fue causado por Nerón, sino por aquellos fanáticos religiosos.

El emperador Constantino el Grande, quien acababa de imponer el dominio sobre la totalidad del imperio romano, tuvo que intervenir en la revuelta.  Convocó a todos los obispos cristianos del imperio para establecer la paz religiosa y contribuir con la unidad de la Iglesia cristiana.  Se conoce esta reunión como el Concilio de Nicea, realizado en Asia Menor en el año 325.
Constantino simpatizaba con el cristianismo, por inclinaciones personales y también políticas: donde hay un solo rey, debe haber un solo dios.
Pero al mismo tiempo había que conformar al resto del pueblo.  Podían quitarles su dios, pero no podían cambiar sus ritos, sus creencias y sus festividades a las que ya estaban acostumbrados.
Y así sucedió.
Fué un cambio de bandera, pero no de creencias.


Conclusión

Así surge la Iglesia Cristiana, que mantendrá el control del “bienestar” espiritual del pueblo durante quince siglos.  Para mantener este control, adaptará nuevas creencias y ritos, y los impondrá como doctrina.  Adoptará la confesión para conocer los secretos del pueblo y sus gobernantes.  Inventará el purgatorio para justificar la venta de indulgencias.  Creará la Inquisición para anular los focos de insurrección y las desviaciones heréticas.  Declarará la guerra al oriente para mantener su poderío territorial.

Todo lo que conforma la religión cristiana, no es más que un conjunto de mitos precristianos teñidos por manipulaciones políticas.

Las verdaderas enseñanzas de Jesús, la que legó a sus discípulos más fieles, se perdieron en el incendio de la Biblioteca de Alejandría en el siglo III.
De las palabras de Jesús no queda nada, incluso dentro del cristianismo.


J.-

12.12.2011

El miedo al sexo dentro la Iglesia.


Leyendo e investigando un poco sobre el estudio comparado de religiones, vino a mi sorpresa que muchos principios de la cristiandad, principios que son las bases de dicha religión, son contradicciones en esencia y hasta difíciles de explicar por sus propios teólogos.   En este ensayo propongo describir la particular mirada que del sexo tiene la Iglesia cristiana, y tratar, en la medida de lo posible, de entender sus motivaciones.

Una aclaración, este texto puede resultar ofensivo para las personas más creyentes, ya que trata sobre un un tema tabú dentro del cristianismo.  Mi postura, como librepensador, siempre fue atea.  Os sugiero no sigáis, si creéis que vuestra fe puede ser mancillada.


La virginidad

Las solteronas, siempre tuvieron una excepcional simpatía entre los católicos.  Ellas se mantienen puras y alegres, jamás han conocido los horrores envilecidos del sexo, el desvirgamiento o el parto.
Esto es así, ya que la gloria pareció estar prometida en un principio, y quizás siempre, a los hombres y mujeres que permaneciesen vírgenes.  Es el caso de María.  Es el caso de Jesús.  Era casto.  También lo era Juan el Bautista.  Ni tampoco se le conoce mujer alguna a los apóstoles.
Jesús decía: “...Y los hay que se hicieron eunucos a sí mismos por amor al reino de los cielos” (Mt 19,12).  Algunos de los primeros cristianos, como Orígenes, tomaron literalmente esta afirmación y llegaron al extremo de castrarse así mismos.
El cristianismo, en sus comienzos, odia el sexo.
Este amor a la virginidad, marcará su doctrina hasta nuestros días.

La virginidad era un ideal, pero un ideal que era difícil de proponer... por razones maltusianas.  Así que pronto consideraron el matrimonio como el único marco legítimo en que la concupiscencia (búsqueda del goce) podía apagarse, pero solamente para traer hijos al mundo.  
“Hombre, tu eres el amo, la mujer es tu esclava, Diós lo quiso así” aconsejaba San Agustín.  
El casamiento era un ritual muy importante dentro del judaísmo, Jesús lo valoraba y respetaba en sus palabras.  Pero los primeros cristianos, odiaban el casamiento.  Era en sí un modo de avalar el deseo y la unión carnal.  Se manifestaron en su contra, quisieron abolirlo, pero al ser una tradición muy divulgada socialmente, terminaron por aceptarlo dentro de un marco “legal” y con ciertas condiciones.
Como he dicho, sólo se aceptaba el sexo para la procreación.  Incluso, estaba mal visto disfrutarlo.
Todo aquel que se daba al sexo porque se había enamorado o porque buscaba el placer físico se encaminaba a paso ligero a la condenación. Esta actitud sombría condujo finalmente a que la Iglesia legislara sobre los detalles más íntimos de la vida conyugal.  En 1215, el clérigo Johannes Teutonicus fue el primero en anunciar que solo había una postura natural en el coito (lo que hoy llamamos postura del misionero).  Esta postura deja claro la supremacía del hombre, sobre la mujer.  Intentar cualquier otra postura (desde atrás, lateral, sentados, de a pié o anal) era pecado mortal.  Incluso, el coitus interruptus, el método de retirada que frustraba la procreación, tenía penitencias de entre dos y diez años

Estas ideas, en las que se justifica el matrimonio y el acto amoroso solamente por y para la procreación, se convirtieron rápidamente en las de la Iglesia cristiana por entero y lo seguirían siendo durante quince siglos, hasta el primer tercio del siglo XX.

Por la misma época, para desacreditar esta “oleada” de casamientos, la iglesia desarrolló el culto a María, que se manifestó con la multiplicación de sus imágenes en las iglesias a partir del siglo XIII.  Desde un principio se destacó la virginidad de María como un valor (incluso más fuerte que el de ser madre).  Pero esta imagen propuesta tiene una gran contradicción: el modelo que se proponía a las mujeres demasiado humanas resultaba inimitable, inalcanzable.  O conservaban la virginidad, o tenían hijos... de cualquier modo se alejaban del modelo virginal de María.  Las madres debían sentir que sus vidas eran un fracaso.

Con esta imagen propuesta, las mujeres normales y corrientes quedaban cada vez más lejos de la perfección.  Incluso, la idealización de María con el dogma de la Inmaculada Concepción (1854) y el dogma de la Asunción de la Vírgen (1950), solo la alejan más de lo que cualquier ser humano puede aspirar a ser.

Otra gran contradicción resultaron ser los matrimonios no consumados, que durante quince siglos fué el modelo a seguir.  Incluso, los besos entre esposos (y ni decir las caricias), fueron mal vistos hasta mediados de siglo XX.


La misoginia

He dicho que Jesús era casto, como Juan y los otros doce discípulos.  Pero había una María de Mágdala, que representaba todo lo malo: era prostituta.  Y peor aún, lo dicen los evangelios, pasaba mucho tiempo con Jesús.
Jesús siempre estuvo rodeado de mujeres.  Y su actitud para con ellas fué tan innovadora que escandalizaba incluso a sus discípulos (Jn 4,27).
Estas mujeres, más creyentes o más pacientes que los hombres, acompañan a Jesús en el día de su martirio final, se quedan frente a la cruz esperando su muerte, y pasan tres días delante del sepulcro.  Incluso, cuando Jesús resucita, lo primero que hace es aparecerse a María Magdalena.
¿Porque entonces tanto antifeminismo?
La culpa la tiene el antiguo testamento, en particular el génesis.  Para el antiguo judaísmo, la mujer es una “ayuda” del hombre.  Fue hecha de su costilla porque ningún animal le convenía.  Es más, la mujer judía es un personaje secundario y culpable. Ya que ambos fueron echados del paraíso por su culpa.  Y Dios dijo “Parirás con dolor los hijos.  Y buscarás con ardor a tu marido, que te dominará” (Gn 3, 1-23). ¿Hay acaso afirmación más misógina?.
La más castigada fué Eva, porque era la más culpable.  El hecho de ser madre no fué un honor para la mujer, sino, la consecuencia directa de un pecado original, su pecado.  Eva y sus hijas serán, para la eternidad, unas seductoras, unas pecadoras.

Alberto Magno y Tomás de Aquino, repetían hasta la saciedad que la mujer es, más o menos, un fracaso de la creación.  Se fundamentaban en que la complexión física es menor, más proclive a enfermedades y contagios.  “Endeble y defectuoso” decía santo Tomás.
De esta debilidad se deducía que la mujer debe ser guiada, dominada.  La severidad estaba justificada y era necesaria. “Por eso debe corregirla eficazmente, y recurrir así a los golpes cuando las palabras sean inútiles” (Pontas, París 1847).

Pero lo que más le daba miedo a los hombres era la menstruación.
La mujer en regla era una especie de paria de la que convenía alejarse.  Era impura. No podían comulgar, ni permanecer en las cercanías de una iglesia, ni su marido la podía tocar.  La regla, para esos hombres que aún eran paganos, era un atributo de la diosa Luna.  La luna era la noche, la noche era la sombra, lo malo.  Y rápidamente se identificó a la mujer con la brujería.
Por ende, la regla también era veneno.  La expulsión mensual de venenos no podía sino señalar, en el interior, un individuo malo, pernicioso.  Esos flujos inmundos no son más que el espejo de un alma inmunda y pecadora, decía el clero.

Y por si fueran poco las molestias causadas por la propia naturaleza, además, la mujer tiene que seguir trayendo hijos al mundo con dolor.  Basta recordar las protestas de los medios cristianos contra los primeros partos sin dolor durante el siglo XX.


La gran contradicción

La gran contradicción, que no logro entender, es que estando el cristianismo basado en las enseñanzas del hijo de dios, mensajero del amor...  todas sus enseñanzas son basadas en el amor.  Lo más extraño es que consideren al sexo como el engaño, la mentira, el pecado... sabiendo que el sexo puede ser la mayor manifestación de amor posible, donde dos personas son una misma carne, tal como lo decía Jesús.
Y en este desprecio, la mujer es vapuleada, insultada, tratada como un objeto, porque justamente representa al sexo, la lascivia, la lujuria.  Por ello, desde la Iglesia, se busca combatir los deseos sexuales.  Porque en realidad es un modo de combatir contra la propia mujer.
Otras religiones (como el islam, o el hinduísmo), proponen un sexo sano y, porque no, polígamo.  El Tantra, por ejemplo, busca la conección con lo superior a través del sexo y el manejo de las energía vitales.  Para el Tantra, es un modo de llegar a dios.
Y es así porque el sexo te hace sentir vivo, feliz, pleno.  Una aproximación a la genuina felicidad.  Por un momento formás parte de algo superior, sos parte del todo.

Este es el punto más flaco dentro del cristianismo, el no permitir una sexualidad plena y sin culpa.  Podemos entender que los intereses fueron muchos a lo largo de la vasta historia de la Iglesia (el control social a través de la confesión, el pecado, la culpa, etc.), pero esa visión persiste hoy en nuestros días.

Una sexualidad plena, es un derecho de cualquier ser humano sea hombre o mujer.


Conclusión

Este ensayo proponía entender el porque de está contradicción, y sólo se me ocurre una respuesta:
Jesús, figura principal del cristianismo, era casto (o por lo menos eso dicen los evangelios).  Pero esta castidad, solo es cristiana.  Mahoma, fundador y gran figura del Islam, estaba casado y tenía hijos.  Moisés, dentro del judaísmo, estaba casado y tenía hijos.  El propio Buddha, Siddhartha Gautamá, estaba casado y tenía hijos.  Lao-Tsé, fundador del taoísmo, estaba casado y tenía hijos.  Confucio, también lo era y tenía hijos.  Pero Jesús era casto, al igual que todos sus discípulos y los discípulos de sus discípulos, durante veinte siglos.  Una larga cadena de sacerdotes, curas, arzobispos y papas... todos castos.  Todos hombres.

¿Porqué?.  Simple, porque esta religión fue escrita, corregida y aumentada, por hombres (varones) que le tienen un miedo horrible a la mujer y más aún al sexo.  Como un adolescente que tiene miedo de sus instintos, y lo que hace es reprimirlos.  Justificando de mil formas posibles esa “elección”, con el único fin de no enfrentarse con sus más terribles miedos.

Y lo peor es que los miedos se enseñan, se inculcan, se transmiten de generación en generación.  Disimulados como valores, pero llenando el alma cada vez de más miedo.

J.-
Fuente: "Las cuatro mujeres de Dios" (Guy Bechtel) Post Relacionados: El Origen de las religiones: http://borgessobreelbidet.blogspot.com/2011/05/el-origen-de-las-religiones.html

10.19.2011

La razón que te domina.


Para entender una sociedad tan materializada como la nuestra, tan superficial y cientificista, primero hay que entender su mayor orgullo: el razonamiento.
Razonar, es pensar: elaborar hipótesis, formular preguntas, lograr mejores beneficios.  Esta capacidad de la mente humana, es una herramienta muy poderosa que sirve para dominar los pueblos, hacerlos evolucionar o explotarlos como ganado.
Veamos hasta donde podemos entender este problema.... razonemos.


Los primeros pasos de la razón.

Allá por el siglo XIII, Europa sufría la mayor crisis social de la historia.  Estaba empobrecida por el enorme gasto económico que producían las Cruzadas a Medio Oriente.  Estos largos desfiles de hombres condenados a la muerte, se hacían sin muchos preparativos y sin mucha planificación.  De cualquier modo, las expediciones habían empujado los límites del mundo y de lo conocido.  Cada pueblo que se anexaba, era terreno para Roma.  Y esta situación favoreció el intercambio entre los pueblos:  fué el auge del comercio.
Los comerciantes, hábiles en la lógica y el razonamiento, fueron haciéndose cada vez más poderosos.
Como dije, los reyes se habián empobrecido, y los nobles tampoco eran muy solventes, las familias más grandes de Europa, debieron pedirle dinero prestado a los comerciantes, y estos, vieron una gran ventaja de afianzar su poder estando cerca del rey, formando así las primeras burguesías.

Estos primeros capitalistas (al igual que los actuales), querían asegurar su inversión, y para ello, controlaron de cerca las excursiones a Tierra Santa.  Por su simpatía, su carisma, y su gran capacidad de optimizar esfuerzos y producir mayores ganancias, fueron cercanos a sus generales y con ello comenzaron a asesorarlos libremente.
En aquel entonces, los caminos a Tierra Santa eran bastante seguros: se habían abierto “al turismo” de los reyes, los nobles y el clero.  Los caballeros templarios protegían aquellos caminos, con una amplia línea de postas que estaban a un día de caballo entre ellas.  Eran lugares o posadas, donde los feligreses podían comer y dormir cómodamente.  Pero esta nueva ola de riquezas que transitaba por las áridas tierras orientales, atrajo la mirada de malechores y ladrones, nuevamente.

Y aquí deslumbró el pensamiento capitalista, dictaminando que era más seguro dejar todo el dinero en la primer posta, donde se le otorgaba al depositario un certificado.  Este “papel a la órden” se presentaba al terminar el viaje en la última posta, y allí le devolvían una suma igual al dinero depositado.  Así nació el cheque.  El primer billete legal del mundo.

El comercio con Europa, y en especial con Medio Oriente, necesitaba grandes planificaciones:  Se llamaron a matemáticos y cartógrafos, se consideraron muchas variables de ganancia y riesgo.  Esto derivó en un auge de la lógica y el cálculo.  Pero también, se perfeccionaron la geometría, la física, la balística y toda ciencia que se considerase útil.

Los burgueses, se hicieron cada vez más poderosos, y los reyes se codeaban cada vez más con ellos.  Pero la iglesia de Roma era distinta, era un imperio.  Sus motivaciones no eran solamente el dinero, tenían motivaciones más altas, y no hablo de las espirituales.  Roma ostentaba poder, y eso a los comerciantes burgueses los seducía, como la gacela seduce a los lobos.
Y así Babilonia, la prostituta de la ciudad, se casó con Roma.   La burguesía, se convirtió en aristocracia, y formaron poderosas familias, como los Médici o los Sforza.
Roma creció de modo descomunal, como ninguna ciudad en la historia lo había hecho. Se respiraban nuevos conocimientos, se escuchaban otros idiomas, se conocían nuevos dioses, se aprendía de todo lo nuevo y de todo se quería saber.
Cada descubirmiento nuevo era medido e interpretado por el pensamiento burgués (con el razonamiento y las matemáticas), lo que derivó en la mayor explosión de conocimiento y ciencia que la humanidad nunca vivió.  Filosofía, historia, cartografía, astronomía, física, movimientos como el humanismo y porsupuesto: el arte.


El retrato como documento.

Los reyes eran asesorados por la aristocracia, y muchas veces eran la aristocracia misma.  Poco a poco aumentaron su poder aliándose con otras regiones, rubricando dicho pacto con un “matrimonio real” (había que asegurar que la unión fuera duradera, y para ello se usaba la iglesia como escribano).  
Los reyes más caprichosos, querían conocer a sus prometidas, y los relatos de los mensajeros eran insuficientes.  Los burgueses llamaron a los mejores artistas de Europa para que pintaran retratos de reinas y doncellas, y quien fuera más realista, tenía mejores trabajos y mayores contactos.
Los burgueses no saben de arte, solo de números.  Los retratos eran un documento “fiel”, del mismo modo que hoy pedimos una foto antes de una cita ciega.  Pero ante el capricho de los reyes, los comerciantes encontraron un nuevo “negocio”.
Llevó poco tiempo hasta que las recámaras de los castillos se llenaron de grandes cuadros luminosos, que se despegaban de la oscuridad y dureza góticas.
Las cruzadas habían terminado, y con ellas la competencia por las “reliquias santas”. El retrato era también un modo de ostentar poder y riquezas, de tener algo único.  Del mismo modo que la Iglesia certificaba su poderío con un trozo de madera de la Cruz del Gólgota, la burguesía lo hizo con los mejores trabajos de los mayores artistas europeos.   Y Roma fue la sede de la explosión artística que conmocionó al mundo: el Renacimiento.


Los tres protegidos papales.

La Edad Media se caracterizó por la supremacía de la Iglesia, imponiendo una mentalidad dogmática, totalitaria y violenta.  Pero esta omnipotencia fue perdiendo poco a poco el poder en manos del razonamiento.  Hacia el siglo XV, por toda Roma se cuestionaban los principios y los valores que habían regido durante siglos.
Entonces la iglesia, muy hábilmente, demostró su poder tomando para sí los mejores pintores del renacimiento:  Leonardo, Miguel Ángel y Raphael.  Y utilzó su capacidad para realzar las grandes figuras que eran pilares fundamentales de la fe cristiana.  Incluso les pidieron retratar a Dios.
Es arto conocido el movimiento Renacentista, basta como ejemplo mencionar a Leonardo Da Vinci, quien escribe uno de los pilares fundamentales de la nueva estética revolucionaria, Tratado sobre la pintura.  En ese manifiesto, define y describe el uso de la perspectiva geométrica, la dispersión de la luz, la perspectiva aérea, las proporciones armónicas de los cuerpos humanos, la sección áurea y las difusión de los colores que “tiñen” los objetos.  Todo ampliamente probado y demostrado matemáticamente.
Todo lo conocido por el hombre, y el hombre mismo, se reducían a una estructura geométrica; y con estas proporciones se construía un cuerpo lleno de curvas que presentaban los volúmenes reales con el uso de la luz y la sombra.
El mayor artista de todos los tiempos, deconstruía la realidad a sus expresiones más abstractas y geométricas, para luego recrearlas con mucho trabajo y esfuerzo.
Y aquí es donde el razonamiento entra por primera vez en el arte.  Para ayudarlo a evolucionar y expandirse.
Fué un matrimonio feliz... sólo por un tiempo.


¿Y que pasó con el arte?

El razonamiento, no sabe de arte.  No busca sentir, busca entender.  Todo artista es un ser contradictorio, en él conviven dos fuerzas pujando en una lucha interna.  Una, buscando los sentimientos mas abstractos del hombre, y la otra, “frivolinzándolos” con su interpretación y entendimiento.  Y justamente de este choque proviene su arte.  Todo movimiento estético es un acto de rebeldía ante los cánones precedentes y también hacia uno mismo.  El renacimiento se reveló contra el arte gótico, como tiempo después el dadaísmo lo hizo con la sociedad burguesa.

Pasó que el razonamiento en el arte, terminó por destruirlo llevándolo al extremo de la simplificación estética, y la búsqueda de abstracciones cada vez más arbitrarias.
Así como el pensamiento burgués, orgulloso de su lógica y el calculo, convivieron con los reyes debilitándolos poco a poco, hasta derrotarlos en la Revolución Francesa.  El razonamiento, entró en la pintura para ayudarla a crecer y desprenderse de los viejos cánones estéticos, pero después de un tiempo, la debilitó y destruyó completamente.
Esos esqueletos geométricos, que formaban las estructuras del arte renacentista, tan claros en El Hombre de Vitruvio, poco a poco fueron revelándose contra las carnes y las curvas, haciendo trazos mas simples, formas más abstractas, hasta finalmente negar cualquier parecido con realidad y presentarse como “las nuevas vanguardias”, como lo fué el futurismo o el cubismo.


Conclusión.

La razón, no solo dominó todo lo que el hombre hacía, también dominó todo lo que el hombre es y siente, y lo hizo a través de la psicología y las ciencias humanas.
Los expresionistas de comienzo de siglo pasado,  sabían que tenían que defender ese último bastión del hombre, que es su psiqués irracional.  Pero no pudieron.  El Grito de Edvard Munch, es en realidad el último grito del pensamiento irracional, expresado dentro del arte;  diciéndonos desde el espejo, “Cuidado, te estás matando.  Tengo miedo de vos”.
El surrealismo que había empezado tan bien, cedió rápidamente.  Y luego el arte comenzó a idolatrar al hombre-máquina, como ser superior.

Y apartir de allí, después de una larga agonía que duró siglos, con mayores o menores luchas ideológicas, finalmente el razonamiento dominó el mundo y el alma humana.

Alabad a nuestro nuevo Dios.


Biografía:  Hombres y Engranajes, de Ernesto Sábato.  Tratado sobre la pintura, de Leonardo Da Vinci.  

5.08.2011

Las Gotas de Espíritu.


Se me ocurrió pensar en cual sería la palabra más hermosa de todas.  La más bella que haya creado la humanidad.  O dicho de otro modo, la que tenga la enorme responsabilidad de ponerle nombre a los deseos más bellos que el hombre posee.
Esa palabra, para mí, es: námaste.  Recuerdenló.
Proviene del sánscrito, antigua lengua oriental que aún se conserva en algunos lugares de la india.  El hinduísmo es la religión más popular en el sur de asia, caracterizada por una cosmogénesis, muy distinta a la que tenemos aquí, en occidente.
Y es tan distinta a la nuestra, que un enunciado como éste, tendría sentido:

“El espíritu que se alojó dentro del cuerpo de Siddhartha Gautama, el Buda.  Quizá, fue también el mismo espíritu que estaba dentro del primer pez que salió del agua y comenzó a caminar sobre la tierra”.

Parece agarrado de los pelos, pero realmente es posible (lo confirmaría cualquier hindú).  Se me ocurrió como una rima, pero es un pensamiento hermoso.  Solo que para entender su belleza, tengo que explicar algunos puntos.


LA REENCARNACIÓN

El hinduísmo (y mucha de la filosofía oriental), creen en la reencarnación tan “firmemente” como nosotros creemos que no la hay.
Ellos, dicen que dentro de nosotros, de todos los seres humanos (y todos los animales), hay una pequeña gota de espíritu, una chispa de dios, que se creó en el mismo instante en que se creo el universo.
Todo lo que conocemos, todo este planeta y todas las estrellas que cubren el cielo, se crearon en una gran explosión.  Y lo que dio origen a ese Big Bang, fue una pequeña esfera que contenía toda la materia del universo, un punto de densidad infinita.
Esa pequeña bola cósmica, es llamada el “huevo de Brahma”.  Pero el nombre no importa.
La explosión de este huevo, generó oleadas de materia que se arremolinaron y se transformaron en nebulosas de polvo estelar, la presión y la fuerza centrípeta de ellas, hizo que se compactara, creando los primeros astros.

Pero junto con la materia, se había creado también “el espíritu del universo”.  Una especie de “dios” que está en todos lados, y vive en un plano muy distinto al nuestro, en “otra” dimensión, que no se rige por nuestras leyes físicas, y que el tiempo no le afecta en absoluto.
Este espíritu, también llamado Brahma, vive en todas partes, diseminado por el universo bajo la forma de pequeñas gotas de rocío.  Todas iguales, bellas y perfectas.
Gotas que tampoco podemos ver, porque están en aquel “otro” plano.

Estas “gotas de espíritu”, se alojan por primera vez dentro de la materia (puede ser una roca, un río, o el mismo aire), y cada una de ellas, comienza una búsqueda por su propia independencia, su propia movilidad, su propia “evolución”.
En esa búsqueda, comienza a jugar con los átomos, moviendo lentamente un electrón para un lado o para el otro.  Poniendo o sacando un protón.  Y de este modo, el espíritu, la suma de esas gotas, comienza a crear nuevos elementos como oxígeno, fósforo, azufre, calcio, sodio, potasio y carbono.
Y lentamente fue formando un cuerpo donde habitar, y lo hizo con los elementos que tenía. Después de mucho probar, pudo crear una nueva forma de vida, cercana a la piedra que la vió nacer, y así creó los hongos.
Había creado la primer forma de vida, como nosotros la conocemos, pero no se detuvo y construyó las plantas, y el mundo se pobló de tréboles, pastos y helechos.
Estas “gotas”, forman la materia.  Le dan movilidad, le dan forma, y el lugar mas fácil de hacerlo es dentro del agua, y así nacen nuevas formas de vida más complejas, nuevos seres multicelulares, y después de un tiempo: los peces.

Uno de ellos, tenía dentro suyo una “gota” muy especial.  Esa gota se manifestaba en su coraje y alto racionamiento (lo máximo que puede razonar un pez).  Y supo que para evolucionar a nuevas formas, tenían que salir del agua.  Evolucionar es el único camino posible, todas las “gotas de espíritu” lo saben, y quieren lo mismo.  Y ese salto de fé, fue seguido por muchas gotas más.  Y de este modo, los espíritus, después de mucho probar y arrastrarse, se moldearon patas.


LA ÚNICA REGLA

No se puede estar mucho tiempo lejos de Brahma.  Las pequeñas gotas, después de permanecer un tiempo en este mundo jugando con átomos y vistiendo disfraces de formas, tienen que irse.  No explican porqué.  Me imagino que será una especie de pausa, como un descanso que tiene que cumplir el alma.  Nadie sabe.
Hay quienes dicen que las almas se van para rendir cuentas a un ser superior, sobre las acciones que se hicieron en la vida.  Una especie de reporte de su progreso y sus avances.
Después de una merecida siesta, el espíritu, el “alma” si se quiere, vuelve a entrar en la materia para seguir evolucionando, viviendo o jugando... que es lo mismo.

La única regla inquebrantable es que el alma en algún momento tiene que volver, abandonar el cuerpo que habita y dejar sus átomos para que nuevas formas surjan y nuevos espíritus las pueblen.
Vida, muerte y resurrección en otro cuerpo, en otra forma de vida, un poco más evolucionada.
Miles de reencarnaciones, o quizá millones.  Aprendiendo, en cada período de vida, un poco más para seguir evolucionando.


EL HOMBRE

La Teoría de la Evolución de Darwin, nos plantea algo parecido: la evolución de las formas de vida, fue causada por la variabilidad de especies, resultado de la aleatoriedad y el azar biológico celular.  En cambio, para el hinduísmo (si lo consideramos también una teoría), la evolución está producida por el mismo espíritu buscando nuevas formas de manifestarse, y poder vivir en ellas.  Arboles, plantas, aves, reptiles, animales, mamíferos herbívoros o carnívoros.  El espíritu fue lobo, puma, caballo, perro, mono, y finalmente hombre.

Me gusta mucho ver la evolución de este modo, porque formamos parte de ella.  Para los hinduístas, este mundo lleno de alegrías y vivencias, lo construimos nosotros.  No hablo de los automóviles o rascacielos solamente, hablo también de todos los arboles, animales y plantas, que nos rodean.  Hablo te todo lo que vemos y conocemos.  Cada cosa, cada árbol, cada animal, cada ser, alguna vez lo hemos habitado.  Todo en este mundo, alguna vez ha sido nuestro cuerpo.  
Todos fuimos alguna vez piedra, y vivimos dentro de ella.  Aprendimos a tomar una forma nueva (primero vegetal y luego animal) cada vez que veníamos a este mundo.  Y ayudábamos, como podíamos a la “evolución” del propio individuo, que es en sí la evolución de todo el mundo, de todos los espíritus.


COOPERACIÓN

Pero estos espíritus no son egoístas, la evolución no es una carrera por llegar primero, porque no hay perdedores; todos cooperan buscando la evolución de todos.  Cuando uno de ellos descubre algo, un modo mejor de evolucionar... un pensamiento, una idea, una epifanía; se los comunica a los demás, de diferentes modos:  en un cuadro, con el arte, la música, las palabras, los libros, los consejos y especialmente como: padre o madre.  Todos queremos que las generaciones que nos sustituyan, sean mejores de lo que nosotros fuimos.  Eso es evolución.

Ahora, sabiendo esto, no es tan loco pensar que el espíritu que vivía dentro de (y era) el Buda, sea el mismo espíritu que alguna vez, desde la orilla de un mundo que no conocíamos, en un cuerpo sin piernas... nos gritó “se que es por acá, tendrán que caminar, y aprenderán a hacerlo aunque no sepan como, tendrán que aprender en el camino, porque os prometo, que todo el esfuerzo, va a terminar en un forma hermosa, la más bella de todas... la que algún día habitaremos y seremos perfectos y felices ...  Námaste.”


LA PALABRA MÁS BELLA DE TODAS

El hiduismo tiene una frase para bendecir a las personas:  námaste, es la equivalente a nuestro hola, adiós, gracias, o por favor.  Se usa para saludar, despedirse, pedir, agradecer y resar.  Námaste, es “reverencia ante tí”.  Tiene muchos significados, alguno de ellos son:

El Dios en mí ve y honra al Dios en ti.

Lo divino en mí saluda a lo divino en ti.

Veo el bien en ti, porque sé del bien en mí.

Yo saludo ese lugar donde tú y yo somos uno.

Yo honro al espíritu en ti que también está en mí.

Mi energía más alta saluda a tu energía más alta.

Mi saludo reconoce la igualdad de todos, y rinde honor a la santidad e interconexión entre todos, así como a la fuente de esa unión.

Yo honro ese lugar en ti en donde habita el universo entero, yo honro ese lugar en ti que es un lugar de amor, de verdad, de luz. Y sé que cuando tú estás en ese lugar dentro de ti, y yo estoy en ese lugar dentro de mí, tú y yo somos uno solo.


Que mucho se puede decir con una palabra.

Námaste...

Me prometo usarla más seguido.

J.-

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