Escuché una vez que la memoria y los recuerdos tienen un modo muy particular de perdurar en el tiempo. Ya que la capacidad de la memoria es limitada, los recuerdos buscan fusionarse en en una sola imagen, en una sola persona.
Dicen que allá, por el ocaso de nuestra vida, recordaremos un solo rostro conformado por todas las mujeres que amamos; un solo beso, el más bello de todos, compuesto por todas las bocas besadas; y un sólo amor, por todas las personas que has amado.
Quiero jugar con esta idea.
En este ensayo propongo contarles como es la mujer que amo, la que está compuesta por todos los recuerdos, todas las bocas, todos los ojos.
Creo nunca haber entendido mis sentimientos, hasta ahora. Mi lucha siempre fue amar a la mujer como ella se merece, como mis padres o la sociedad me habían enseñado. Pero ahora pienso que el verdadero amor es una acto altruista. El amor no solo es sexo, y de eso estamos de acuerdo. Amar al alguien es desearle que sea feliz, sin importar si eres parte de esa felicidad. A eso me refiero.
Creo haberlo entendido cuando recuerdo cada mujer que conocí en mi vida, cada amante, cada amiga. Cada una de ellas me enseñó algo, les debo un gracias, y un porqué.
Así que confieso.
LA MUJER QUE AMO.
Amo a todas las mujeres. Me gustan todas. Y lo digo en el sentido más puro, más sublime. Más humano. Por eso solo pinto mujeres. Las que conocen mis cuadros, saben que traté de robar su enseñanza y plasmarla en el tiempo, para nunca olvidarme de ellas. Allí está Perséfone, dudando entre el cielo y el infierno; también la mujer que en sus ojos alberga el infinito; o la diosa que al decir la Palabra más Bella del Mundo, puebla de estrellas la vía láctea.
Amo la mujer sensible que llora sentada en mi sillón, con los ojos en la nada, con su mirada perdida en la linea de un horizonte inexistente. La amo porque se permite llorar. Porque se entiende débil. Porque no le interesa ganar. Le interesa sentir.
Amo la mujer que dice que me odia, porque no puede decir que me ama. Histérica, dirán algunos; infantil, dirán otros. Solo me busca para herirme, para reírse de mi. Se que me quiere, y es tímida para decirlo. Le tiene miedo amor. ¡¿Que mujer no le tiene miedo al amor?!
Amo la que usa corbata, la que se prueba mis sobreros, la que camina mi casa inquieta, buscando, sacando, tocando... la que gusta de jugar con migo. Amo la que cuenta sus sentimientos con dibujos de linea, pero se niega a usar colores porque no sabe como enfrentarlos. La amo cuando pinta paredes con tiza.
Amo la madre soltera, que lleva su vida de malabares. Demostrándole al mundo lo grandioso que es ser mujer, y la gran responsabilidad que conlleva. Luchando con monstruos tan grandes, que cualquier hombre huiría. Y ella está allí, con un amor enorme, haciéndolo cada vez más grande, fortaleciéndose, siendo la Gran Mujer que todo hombre espera y la Gran Madre que siempre fue.
Amo la mujer segura en apariencia, que tiembla cuando imagina el futuro de los años. Contando las canas, maldiciendo cada nueva arruga. Ella camina el tiempo con la frente en alto, mirando al mundo con ojos de quinceañera. Sorprendiéndose en cada nuevo amor. Sintiéndolo como mariposas en el estómago, como cuando tenía quince años.
Amo la mujer que odia su cuerpo, porque la sociedad le enseñó a odiarlo. Se castiga con dietas paupérrimas y largas torturas en la bicicleta fija. La amo porque es hermosa. Porque sonríe cuando la veo... y sin embargo la veo porque irradia luz dorada. Cuando me abraza, me hace sentir en casa.
Amo la Mujer más Hermosa. Aquella que mira al mundo desde el calabozo de una torre. Peinando su cabello con sus dedos, mirando la horda de hombres que tratan de subir la muralla para rescatarla del dragón. Te digo princesa que ningún hombre va a liberarte de ese encierro. El dragón no está allí para cuidarte de los hombres, sino para no dejarte salir. Ese dragón es solo tuyo. Te amo, y debo haberlo dicho de mil modos. Quiero que salgas y lo enfrentes, porque cuando lo hagas vas a encontrar la libertad que tanto buscas. Y porque te amo, quiero que seas libre.
Amo la mujer que baila ante las personas, sin importar el lugar, sin importar las miradas. Juega con su cuerpo como una niña. Sonriendo feliz en cada nuevo paso de baile. Pero más amo la mujer que baila sola en su casa, sensual frente al espejo. Ella es libre, ella ama su cuerpo. La amo aunque no me invite a bailar. Brilla como un sol.
Amo la mujer caprichosa. No hay nada que me seduzca más. La amo porque sabe lo que quiere... y... no lo sabe. Porque me acerca y me rechaza. La amo porque es un misterio, una sorpresa todos los días... ella es el azar. Ella convierte cada minuto en magia.
Amo la niña eterna. La que corre palomas en las plazas. La que come chupetines de frutilla. La que se pinta bigotes en Halloween. La amo porque sabe que lo más bello del camino es distraerse con las flores y buscar conejos blancos en las nubes. La amo porque es Alicia. Porque me recuerda lo lindo y bello que es vivir.
Amo la mujer que tiene miedo al amor. Miedo al compromiso. Miedo a tener hijos. La amo porque quiero darle coraje. Ella no sabe que va a vivir lo más bello de ser mujer: el amor y la familia.
Amo la mujer independiente, la que es más fuerte y segura que yo. De ella aprendo a no bajar los brazos, a pelear cuando todo parece perdido. Pero más la amo cuando cae del caballo y se reconoce débil. Porque puedo ayudarla, curarla y mostrarle todo lo que me enseñó y todo lo que aprendo junto a ella.
Ella combate contra molinos de viento, yo soy su escudero fiel.
Amo a todas las mujeres, lo he dicho. Amo a mi madre, que me enseñó el valor que debe tener una mujer, la resposabilidad y el sacrificio para serlo.
Amo la mujer rencorosa y vengativa. La que sufrió a mi lado y hoy quiere verme sufrir. No quise hacerte daño. Nunca entendí las reglas del amor. O quizás, utilizo otras distintas. Cada beso me fortalece, cada cachetada me enseña. Siempre vas a recibir amor, es el modo que tengo de devolverte de a poco lo mucho que me has dado.
Amo la mujer desconocida. La que nunca vino a mi casa, la que nunca me dio su teléfono. La que nunca me dio bola. Porque ella me enseñó a mostrarme, a buscarla. Ella me enseñó a pintar, a tocar la guitarra, a bailar... a expresarme.
Todos los hombres amamos a las mujeres. Solo que nuestro modo de amar es muy distinto. Así lo dijo John Gray, como seres de “distintos planetas”, y vendió miles de ejemplares en el mundo. El amor es difícil porque, muchas veces, está teñido de miedos, inseguridades, prejuicios y sentimientos de posesión.
LA RELACIÓN PLENA:
Un hombre no puede vivir sin una mujer. Y creánme, una mujer no puede vivir sin un hombre. Porque ambos fuimos hecho para estar juntos. Cada sexo tiene lo que al otro le falta y lo complementa. Pero se tienen que dar una serie de requisitos (o pasos), para que esta relación sea plena: verdad, confianza y libertad.
La verdad (la relación con una misma):
Ser verdadero es ser consecuente entre el adentro y el afuera. Todo lo que pasa de la piel para adentro, todos nuestros sentimientos, deben expresarse en nuestras relaciones. Si queremos a alguien tenemos que decírselo; si tenemos ganas de darle un abrazo, se lo damos; si no nos gusta algo, lo decimos.
Para ser verdadero, hay que conocer nuestros sentimientos. Todos ellos, los buenos y los malos. Descubriremos que somos contradictorios, complejos y hasta bipolares. Está bien, todos somos así. Forma parte de nuestra naturaleza. Quien se mantenga en sus pensamientos y acciones inmutablemente, es una persona triste.
La mujer ha sido maltratada durante toda la humanidad. Desde hace siglos, las sociedades machistas, han atacado, humillado y matado todo lo que no conocen, lo que no entienden. Así son los hombres. Tienen que plantear divisiones, bandos opuestos. Esa es su naturaleza. Y lo que nunca podrán entender; es a la mujer.
Y así, ella se convirtió en virgen o puta, santa o bruja... tonta, histérica, llorona... o Señora del Señor X.
Algunas se lo creyeron y empezaron a odiar ser mujer. Y comenzaron a trabajar junto a los hombres, competir con ellos, tener una carrera profesional exitosa, y viajar por el mundo... solas. Y así, se convirtieron en hombres.
La mujer que reniega de ese camino para seguir siendo mujer, va a ver socavada su autoestima por una sociedad elitista, superficial, que se preocupa por la cantidad y no por lo sentimientos.
Es muy difícil ser mujer en esta época. Pero se puede.
Tienes que jugar con tu niña interior; aceptar las ciclotimia del corazón y de la luna; tienes que dejar de preocuparte por lo que los demás quieren de ti; exige lo que quieras, en el momento que lo quieras. No importa que los hombres piensen que sos caprichosa, eso nos gusta. Se la mujer que quieras ser. Exige que te quieran, como sos.
Tienes que llorar, hasta que el alma duela. Allí verás el dolor cara a cara, y aprenderás de él, eres la única capaz de hacerlo. Los hombres le escapan al dolor en todas sus formas.
Eres el eslabón que la humanidad mantiene con la naturaleza. Eres sensible a un mundo inaccesible a los varones. Tienes la capacidad de dar a luz, y vivir el amor más profundo, el que una madre tiene por sus hijos.
Pero en esta búsqueda interior, el mayor obstáculo que tendrás es la relación con tu padre. Siempre va a estar allí, porque siempre lo estuvo.
Proyectarás todo lo que lo deseas en tu pareja, todo lo que has necesitado en tu niñez, se lo demandarás a tu hombre. La relación que hayan tenidos tus padres, será el referente que tendrás gran parte de tu vida. No importa el nombre que le haya puesto Freud. Para mí es una mochila que cada mujer lleva.
Si tuviste un buen padre, buscaras hombres buenos. Pero ellos nunca serán lo suficiente para tí. Si tuviste un mal padre, siempre reclamarás a tu hombre por más atención y afecto.
Ningún hombre se puede hacer cargo de lo que no le pertenece.
Solo podemos esperar, comprender, escuchar cientos de veces las mismas historias, hasta que descubras, tu sola, como solucionarlas. No podemos hacer otra cosa.
La respuesta está en no deberle nada a nadie. No le debes nada a tu padre, y él no te debe nada a ti. No importa si lo amas o lo odias. No lo quieras solamente porque es tu padre, quiérelo por lo que es como persona. No lo odies por su vida o por lo que haya hecho a tu madre, céntrate solamente en lo que tú aprendiste de él.
Olvida que es tu padre.
La confianza (la relación con tu pareja y el entorno):
La confianza solo puede darse en personas verdaderas. Una relación plena no está compuesta de “dos medias naranjas”, sino de dos naranjas completas y llenas de jugo dulce.
El hombre necesita de la mujer para justificar su vida. Sin ella, nada de lo que haría tendría sentido. La mujer es la razón por la que el hombre crea, pelea, compite y conquista.
Pero los hombres muchas veces no entienden esto porque son demasiado “sociales”. Les preocupa que piensan sus amigos, su entorno. Cada mujer que conquistan es un premio para galardonarse, cada beso robado es una línea de cocaína. La mujer objeto domina las pantallas y las tapas de revista. La mujer superficial es el objeto de venta del siglo XXI.
El mayor dolor que la mujer se produce es creer que esos preceptos son correctos. Pensar que la belleza está en el cuerpo, hace que toda la preocupación de ella esté asociada a la mirada externa. Se olvida que lo más bello que tiene una mujer, es lo que tiene para decir, para hacer, para dar.
El hombre no tiene que proyectar miedos a la mujer. El hombre que no se sienta seguro de sí mismo (y de lo que tiene para compartir), te pedirá que saques las fotos de tu ex del Facebook, que no uses minifaldas muy cortas, que no tengas amigos varones, que no salgas a bailar con amigas. Eso no es amor. No te hagas cargo de su inseguridad.
El hombre necesitado de amor te llamará todos los días, te suplicará, te hará regalos. Hará un álbum con vuestras fotos, no podrá despegarse de tí. Pintará cuadros y tocará canciones de los Beatles. No te confundas, eso tampoco es amor. Es miedo a sentirse solo.
El hombre que te ama, te ama por lo que eres. No corta tus alas, no critica tus gustos. Él quiere que explores, que juegues, que sientas, que bailes, que salgas, que viajes, que vivas, que aprendas... que seas mujer. El hombre que te ama no busca amor para él, sino que te ames a vos misma.
El hombre tiene que aprender a controlar sus ganas de controlarlo todo. No podemos ayudar a las mujeres, solo podemos darle un espacio de respeto y atención, para que ellas se encuentren así mismas. Y seguirlas, como fiel escudero, aunque creas que el camino es erróneo.
La libertad (el desapego):
Que dos personas estén juntas no quiere decir que van a estarlo toda su vida. Tampoco quiere decir que se amen con locura. Solo quiere decir que están juntas, solo eso. Que caminan juntas, aprendiendo la una de la otra para usarlo en sí mismas. Que encuentran en el otro un reflejo del amor que tienen para dar, y así recibir. Que tienen un compañero en el camino, que le hará mas bello sus días y más reconfortante las noches. Un IGUAL.
Pero para entender la libertad, tenemos que entender que es más importante el camino individual, que los mandatos familiares, lo prejuicios sociales e incluso la pareja que tenemos al lado. Cada uno tiene que seguir su camino y tenerlo claro en cada instante. No podemos desviar nuestro rumbo por una persona que no va en la dirección que queremos.
Así como ahora estamos juntos, alguna vez vamos a dejar de estarlo.
Y esto es lo que hace tan bello al amor.
El amante posesivo siempre vive con miedo. Teme que alguna vez su amor lo abandone, teme seguir parte del camino solo. Entonces creará leyes y rituales (muchas veces benditos por Dios), para sentir una garantía del amor recíproco y eterno. Y cuando se sienta seguro, cuando ya no tenga que pelear por él, lo dejará morir como una flor que nadie riega. Pero el amante posesivo, va a estar seguro y tranquilo.
Los amantes libres, en cambio, saben que cualquier día puede ser el último. Entonces lo dan todo, porque ya no tienen miedo. Llegan a cada esquina, se miran y se prometen amor una cuadra más. Porque en realidad, el amor se elige todos los días.
Y cuando uno de ellos tenga que irse, se separarán. Orgullosos el uno del otro, contentos por lo que cada uno aprendió.
Entonces...
Los amantes verdaderos, se preocupan en seguir y conocer sus sentimientos más profundos. En tenerlos claro y ser capaces de conocer su propio camino.
La confianza que cada uno tiene en el otro, los hace entender y perdonar lo errores. Es tener un escudero que estará a tu lado, cada vez que tengas que enfrentarte con tus propios monstruos.
Los amantes libres, saben que a veces tienen que separarse, porque hay partes del camino que solo se transitan de a uno.
Conclusión:
Mientras escribo esto, imagino la mujer que amo, aquella conformada por todas mis historias y todos mis recuerdos.
Las mujeres reales, las que lean este texto, se sentirán más o menos identificadas, porque creo que lo que he dicho es común a todas las ellas.
A aquellas con las que he transitado parte del camino, le agradezco lo que me dieron. Y por eso lo escribo. Quise amarlas de este modo, con algunos aciertos, pero más aprendí de los errores.
A las que no saben quien suscribe detrás de estas líneas, sepan que solo soy un soñador. Un idealista que cree que Dios es mujer.
J.-
3.05.2012
1.23.2012
¿Que es la Iglesia?
En este ensayo propongo aclarar la idea que tenemos de la iglesia Romana: sus creencias, sus ritos, las bases de su fe, en realidad existía mucho antes de nuestra era, mucho antes que Cristo apareciera en este mundo. La Iglesia Cristiana Apostólica Romana, no tiene nada que ver con Cristo.
Iglesia y Estado
En la antigüedad, digamos por ejemplo miles de años antes de nuestra era, en la cuenca del Egipto, el gobierno del pueblo estaba unificado en una sola figura (y un grupo de asistentes). Las leyes eran dictadas por aquel representante de dios en la tierra quien era la cara visible de este grupo, en este caso: el faraón. La sentencias que hacía dicho gobernante, siempre tenían un carácter divino. De la salud del faraón dependía el bienestar del pueblo; de su estado de ánimo, la vida de sus subordinados.
No existía la división entre Iglesia y Estado. Y no existía, porque había un único gobierno y una única creencia. La división entre Iglesia y estado, es una característica romana. Y fue adoptada por una decisión estratégica.
Roma (al igual que todos los imperios), se expandió en todas direcciones y a cada paso se encontraba distintos pueblos, con distinta cultura y lenguaje. Eran pueblos pequeños, debilitados por las constantes guerras que entablaban con otros pueblos. Roma podía dominarlos fácilmente, o como sucedía la mayor parte de las veces, estos pueblos voluntariamente se dejaban gobernar por Roma. Formar parte de un imperio, tenía muchas ventajas, entre ellas: los caminos y el comercio.
“Todos los caminos conducen a Roma”, dice el provervio. Y es así, porque en realidad todo imperio necesita una vasta red de caminos (en forma de abanico) que comuniquen todas las provincias con la ciudad central. Esto favorecía enormemente el intercambio de mercaderías, pero más aún el intercambio de culturas, de lenguas y de dioses.
Roma se estaba convirtiendo en un ciudad multicultural. Muchos extranjeros se establecían en sus calles, llevando su cultura, sus ritos y su familia. Poco a poco, los nuevos dioses fueron tomando más adeptos en la ciudad.
Y por esta razón, el nombrado poder “faraónico” tuvo que separarse. Había muchos dioses y muchas creencias, tenían diferentes visiones sobre los mismos aspectos sociales y era imposible gobernar con falta de concenso. Entonces se decretó la libertad de culto, el politeísmo. Cada persona podía adorar a su dios del modo que le antojara, obvio, sin contradecir el poder civil que seguía siendo el regulador del comercio.
Aquel tiempo vio el auge de las religiones. Roma adoraba cada dios nuevo y extravagante que conocía. Adoptaba vagamente sus ritos y comenzaba a darles ofrendas. Había un dios para cada día del año, e incluso un día para el dios desconocido, que por miedo a su ira, también tenía que ser adorado.
La Iglesia Romana
¿Y como ve el Estado este auge? El Estado está formado por personas, y las personas deben creer en algo. El poder civil necesita cierto aval divino en sus acciones; esto le otorga una mejor imagen ante el vulgo y trascendencia en sus actos. Lo apoya una iglesia en particular, la más fuerte de todas, cercana al gobierno y al cesar: la Iglesia Romana. Un grupo de personas que administra las creencias del Estado, sus ritos y el valor religioso de sus actos. Esta Iglesia ganará muchos adeptos ya que sabe entender los gustos del vulgo, y funciona como intermediario entre el Gobernante y su pueblo.
Su misión, es mantener al pueblo contento, brindándole respuestas metafísicas que lo dejen más o menos tranquilo. Dándoles rituales para que se sientan en armonía con Dios.
El Dios santificado, su imagen, los ritos de aquel dios y sus mandamientos, van a cambiar de acuerdo a las necesidades y el uso estratégico de los “dioses de moda”.
Dicho de otra manera, la Iglesia va a utilizar fragmentos o creencias de diversas culturas, para construir una única religión unificadora y popular. El nombre de esta religión y los dioses santificados van a cambiar mientras dure su expansión como imperio.
Zeus
Grecia fue quizás, por su cercanía, el primer pueblo “abducido” por Roma. Sus dioses presentaban todas las características humanas, las virtudes y los defectos. Era un buen modo de transmitir valores a las nuevas generaciones, a través del relato de fábulas y mitos.
Roma era la ciudad más importante de su época, y pretendía gobernar todos los pueblos aledaños. Y por esta razón, rápidamente se identificó con la mayor figura del olimpo: Zeus, quien era la divinidad suprema. Vestido de túnica blanca y larga barba, estaba sentado en un trono de oro rodeado de nubes. Desde el cielo observaba todo lo que hacían los hombres. Estaba en todas partes, y lo sabía todo. Los premiaba o castigaba de acuerdo a su juicio. Metafóricamente, el rol que pretendía ocupar Roma.
El nombre de este dios, se latinizó cono Deus, derivando en la palabra Dios que usamos en nuestros días.
Zeus, además de su omnipotencia y omnipresencia, tenía ciertos caprichos que parecían humanos; cada tanto, bajaba de los cielos para fecundar alguna joven.
Estas mujeres humanas, que tenían relaciones con el dios, eran consideradas benditas. Muchas de ellas (o casi todas) daban hermosos hijos semi-divinos. Osea, que siendo humanos por fuera, eran dioses por dentro: hijos de Dios.
El más famoso de ellos fue Hércules (Heracles para los griegos). Hijo del dios con una mujer humana, su vida fue colmada de viscisitudes y metáforas. Quizás las más sorprendente de ellas fue su descenso al infierno (inframundo) para pelear con el hermano maldito del dios (Hades) y volver al mundo de los vivos al tercer día.
Osiris
Era el dios egipcio de la fertilidad y la resurrección. Era el jefe de la tríada Osiriaca, formada por su mujer Isis y su hijo Horus. El mito de Osiris introduce en la religión las nuevas ideas del bien y del mal. Osiris, es asesinado por su hermano Seth, quien lo arroja al Nilo, en donde lo encontrará Isis, quien le devuelve la vida. Con esa resurrección se establece el triunfo del bien sobre el mal. Muere como hombre pero resucita como inmortal gracias a Thot.
Osiris preside el tribunal celestial que dictaminará la suerte de los muertos.
Osiris también es el dios del vino, ya que fue el primero que hizo trepar la vid por una estaca y pisó los racimos.
Roma, amaba el vino.
Dionisio
Roma era una ciudad cosmopolita, todo lo nuevo la seducía. Y su gente no tardó en darse a la diversión, los bailes, el alcohol y las orgías. Rápidamente se divulgó la veneración a un nuevo dios que venía de Grecia, que al igual que Hércules, también era hijo de Zeus con una humana. Era un dios joven, amante del vino y las mujeres hermosas. Era el dios ideal para la Roma de aquellos tiempos.
Dioniso (como su nombre lo indica, hijo de Dios), tomó en Roma el nombre de Baco, dios del vino. Junto a él, se organizaron las bacanales: fiestas orgiásticas, destinadas en un comienzo a las mujeres, y tiempo después, permitieron la incorporación de hombres.
Hacia el año doscientos antes de Cristo el senado prohibe estas fiestas, pero sus creencias ya habían prendido dentro de la cultura popular. Especialmente una, el episodio donde convierte seis vasijas de agua... en vino.
También un rito en especial llegó a nuestros días. En los templos dedicados a Baco, sus sacerdotes santificaban el vino, vertiéndolo en un copa y elevándola al cielo. De ese modo creían que se incoporaba en él el espiritu santo. Lo mismo hacían con el pan, para luego comerlo entre los presentes como gesto de común-unión.
Mitras
El mistraísmo llegó a Roma, más o menos a comienzos de nuestra era. Oriundo de Asia Menor, más precisamente del desierto de Irán, su religión se va a basar en el zoroatrísmo, doctrina que profesa el amor.
Esta religión también tenía sus templos: los mitreos. Especie de iglesias actuales con capacidad para unas docenas de personas. De forma rectangular y alargada, sus paredes estaban decoradas con pinturas de diversos momentos del mito. Al final del recinto, estaba el altar con la figura del dios en relieve.
Mitras es un dios solar, osea que su vida es una metáfora del sol. La fiesta más importante que tiene esta religión es el nacimiento del dios de su madre humana, que se festeja cada 25 de diciembre para el solsticio de verano.
Además, los seguidores de Mitras, santificaban también el domingo (como lo hacían todas las religiones). Lo llamaban: el día del sol.
El mistraísmo fue la religión más fuerte que había lo grado “formar” la Iglesia Romana. El pueblo estaba contento y esta religión le satisfacía metafísicamente. Tenía suficientes fiestas religiosas, y algunas paganas (como las pascua). Y además, sus creencias no exigían grandes sacrificios.
Fue la mayor religión hasta el siglo III, en que una nueva figura obligaría a cambiar la teología y la política romana.
Jesús Cristo
Entonces... ya tenemos un dios omnipotente e iracundo, vestido con larga túnica blanca. Que baja un día al desierto y embaraza a una mujer. La mujer bendita, tiene un hijo varón que nace el 25 de Diciembre. Hijo de dios, un ser semi-divino, con poderes que sobrepasan el entendimiento humano. Capaz de convertir el agua en vino, y santificarlo. Que bajó a los infiernos durante tres días y volvió a dejar enseñanzas a sus seguidores. Un dios que hablaba del amor, del bien y del mal.
Pero un nuevo credo surgió entre los soldados romanos, la adoración a un nazareno que había muerto crucificado en el desierto.
La idea de Cristo como Redentor pertenece al tema mundialmente difundido y precristiano del héroe y libertador, quien vuelve a aparecer milagrosamente después de que todos pensaban que había muerto. Hercules y Osiris forman parte de este mito. Cuando y dónde se originó, nadie lo sabe.
Pero gracias a que este mito era muy popular, el cristianismo rápidamente ganó numerosos adeptos, especialmente entre los soldados romanos, quienes ejercieron una participación religiosa activa y muchas veces violenta.
Los “soldados de cristo”, nombre que adoptaron como fraternidad, destruían los templos de otras religiones, mataban a sus sacerdotes y quemaban las casas de quien se les opusiera.
La iglesia tenía que calmar esta ola de violencia y comienza a negociar con sus representantes, pero sus exigencias eran muy ambiciosas. Los cristianos reclamaban la prohibición de todas las religiones existentes por considerarlas paganas, quedando como única religión oficial el cristianismo.
La iglesia no quería ceder. Los hechos de violencia aumentaron. Según algunos historiadores, el incendio de Roma no fue causado por Nerón, sino por aquellos fanáticos religiosos.
El emperador Constantino el Grande, quien acababa de imponer el dominio sobre la totalidad del imperio romano, tuvo que intervenir en la revuelta. Convocó a todos los obispos cristianos del imperio para establecer la paz religiosa y contribuir con la unidad de la Iglesia cristiana. Se conoce esta reunión como el Concilio de Nicea, realizado en Asia Menor en el año 325.
Constantino simpatizaba con el cristianismo, por inclinaciones personales y también políticas: donde hay un solo rey, debe haber un solo dios.
Pero al mismo tiempo había que conformar al resto del pueblo. Podían quitarles su dios, pero no podían cambiar sus ritos, sus creencias y sus festividades a las que ya estaban acostumbrados.
Y así sucedió.
Fué un cambio de bandera, pero no de creencias.
Conclusión
Así surge la Iglesia Cristiana, que mantendrá el control del “bienestar” espiritual del pueblo durante quince siglos. Para mantener este control, adaptará nuevas creencias y ritos, y los impondrá como doctrina. Adoptará la confesión para conocer los secretos del pueblo y sus gobernantes. Inventará el purgatorio para justificar la venta de indulgencias. Creará la Inquisición para anular los focos de insurrección y las desviaciones heréticas. Declarará la guerra al oriente para mantener su poderío territorial.
Todo lo que conforma la religión cristiana, no es más que un conjunto de mitos precristianos teñidos por manipulaciones políticas.
Las verdaderas enseñanzas de Jesús, la que legó a sus discípulos más fieles, se perdieron en el incendio de la Biblioteca de Alejandría en el siglo III.
De las palabras de Jesús no queda nada, incluso dentro del cristianismo.
J.-
En la antigüedad, digamos por ejemplo miles de años antes de nuestra era, en la cuenca del Egipto, el gobierno del pueblo estaba unificado en una sola figura (y un grupo de asistentes). Las leyes eran dictadas por aquel representante de dios en la tierra quien era la cara visible de este grupo, en este caso: el faraón. La sentencias que hacía dicho gobernante, siempre tenían un carácter divino. De la salud del faraón dependía el bienestar del pueblo; de su estado de ánimo, la vida de sus subordinados.
No existía la división entre Iglesia y Estado. Y no existía, porque había un único gobierno y una única creencia. La división entre Iglesia y estado, es una característica romana. Y fue adoptada por una decisión estratégica.
Roma (al igual que todos los imperios), se expandió en todas direcciones y a cada paso se encontraba distintos pueblos, con distinta cultura y lenguaje. Eran pueblos pequeños, debilitados por las constantes guerras que entablaban con otros pueblos. Roma podía dominarlos fácilmente, o como sucedía la mayor parte de las veces, estos pueblos voluntariamente se dejaban gobernar por Roma. Formar parte de un imperio, tenía muchas ventajas, entre ellas: los caminos y el comercio.
“Todos los caminos conducen a Roma”, dice el provervio. Y es así, porque en realidad todo imperio necesita una vasta red de caminos (en forma de abanico) que comuniquen todas las provincias con la ciudad central. Esto favorecía enormemente el intercambio de mercaderías, pero más aún el intercambio de culturas, de lenguas y de dioses.
Roma se estaba convirtiendo en un ciudad multicultural. Muchos extranjeros se establecían en sus calles, llevando su cultura, sus ritos y su familia. Poco a poco, los nuevos dioses fueron tomando más adeptos en la ciudad.
Y por esta razón, el nombrado poder “faraónico” tuvo que separarse. Había muchos dioses y muchas creencias, tenían diferentes visiones sobre los mismos aspectos sociales y era imposible gobernar con falta de concenso. Entonces se decretó la libertad de culto, el politeísmo. Cada persona podía adorar a su dios del modo que le antojara, obvio, sin contradecir el poder civil que seguía siendo el regulador del comercio.
Aquel tiempo vio el auge de las religiones. Roma adoraba cada dios nuevo y extravagante que conocía. Adoptaba vagamente sus ritos y comenzaba a darles ofrendas. Había un dios para cada día del año, e incluso un día para el dios desconocido, que por miedo a su ira, también tenía que ser adorado.
La Iglesia Romana
¿Y como ve el Estado este auge? El Estado está formado por personas, y las personas deben creer en algo. El poder civil necesita cierto aval divino en sus acciones; esto le otorga una mejor imagen ante el vulgo y trascendencia en sus actos. Lo apoya una iglesia en particular, la más fuerte de todas, cercana al gobierno y al cesar: la Iglesia Romana. Un grupo de personas que administra las creencias del Estado, sus ritos y el valor religioso de sus actos. Esta Iglesia ganará muchos adeptos ya que sabe entender los gustos del vulgo, y funciona como intermediario entre el Gobernante y su pueblo.
Su misión, es mantener al pueblo contento, brindándole respuestas metafísicas que lo dejen más o menos tranquilo. Dándoles rituales para que se sientan en armonía con Dios.
El Dios santificado, su imagen, los ritos de aquel dios y sus mandamientos, van a cambiar de acuerdo a las necesidades y el uso estratégico de los “dioses de moda”.
Dicho de otra manera, la Iglesia va a utilizar fragmentos o creencias de diversas culturas, para construir una única religión unificadora y popular. El nombre de esta religión y los dioses santificados van a cambiar mientras dure su expansión como imperio.
Zeus
Grecia fue quizás, por su cercanía, el primer pueblo “abducido” por Roma. Sus dioses presentaban todas las características humanas, las virtudes y los defectos. Era un buen modo de transmitir valores a las nuevas generaciones, a través del relato de fábulas y mitos.
Roma era la ciudad más importante de su época, y pretendía gobernar todos los pueblos aledaños. Y por esta razón, rápidamente se identificó con la mayor figura del olimpo: Zeus, quien era la divinidad suprema. Vestido de túnica blanca y larga barba, estaba sentado en un trono de oro rodeado de nubes. Desde el cielo observaba todo lo que hacían los hombres. Estaba en todas partes, y lo sabía todo. Los premiaba o castigaba de acuerdo a su juicio. Metafóricamente, el rol que pretendía ocupar Roma.
El nombre de este dios, se latinizó cono Deus, derivando en la palabra Dios que usamos en nuestros días.
Zeus, además de su omnipotencia y omnipresencia, tenía ciertos caprichos que parecían humanos; cada tanto, bajaba de los cielos para fecundar alguna joven.
Estas mujeres humanas, que tenían relaciones con el dios, eran consideradas benditas. Muchas de ellas (o casi todas) daban hermosos hijos semi-divinos. Osea, que siendo humanos por fuera, eran dioses por dentro: hijos de Dios.
El más famoso de ellos fue Hércules (Heracles para los griegos). Hijo del dios con una mujer humana, su vida fue colmada de viscisitudes y metáforas. Quizás las más sorprendente de ellas fue su descenso al infierno (inframundo) para pelear con el hermano maldito del dios (Hades) y volver al mundo de los vivos al tercer día.
Osiris
Era el dios egipcio de la fertilidad y la resurrección. Era el jefe de la tríada Osiriaca, formada por su mujer Isis y su hijo Horus. El mito de Osiris introduce en la religión las nuevas ideas del bien y del mal. Osiris, es asesinado por su hermano Seth, quien lo arroja al Nilo, en donde lo encontrará Isis, quien le devuelve la vida. Con esa resurrección se establece el triunfo del bien sobre el mal. Muere como hombre pero resucita como inmortal gracias a Thot.
Osiris preside el tribunal celestial que dictaminará la suerte de los muertos.
Osiris también es el dios del vino, ya que fue el primero que hizo trepar la vid por una estaca y pisó los racimos.
Roma, amaba el vino.
Dionisio
Roma era una ciudad cosmopolita, todo lo nuevo la seducía. Y su gente no tardó en darse a la diversión, los bailes, el alcohol y las orgías. Rápidamente se divulgó la veneración a un nuevo dios que venía de Grecia, que al igual que Hércules, también era hijo de Zeus con una humana. Era un dios joven, amante del vino y las mujeres hermosas. Era el dios ideal para la Roma de aquellos tiempos.
Dioniso (como su nombre lo indica, hijo de Dios), tomó en Roma el nombre de Baco, dios del vino. Junto a él, se organizaron las bacanales: fiestas orgiásticas, destinadas en un comienzo a las mujeres, y tiempo después, permitieron la incorporación de hombres.
Hacia el año doscientos antes de Cristo el senado prohibe estas fiestas, pero sus creencias ya habían prendido dentro de la cultura popular. Especialmente una, el episodio donde convierte seis vasijas de agua... en vino.
También un rito en especial llegó a nuestros días. En los templos dedicados a Baco, sus sacerdotes santificaban el vino, vertiéndolo en un copa y elevándola al cielo. De ese modo creían que se incoporaba en él el espiritu santo. Lo mismo hacían con el pan, para luego comerlo entre los presentes como gesto de común-unión.
Mitras
El mistraísmo llegó a Roma, más o menos a comienzos de nuestra era. Oriundo de Asia Menor, más precisamente del desierto de Irán, su religión se va a basar en el zoroatrísmo, doctrina que profesa el amor.
Esta religión también tenía sus templos: los mitreos. Especie de iglesias actuales con capacidad para unas docenas de personas. De forma rectangular y alargada, sus paredes estaban decoradas con pinturas de diversos momentos del mito. Al final del recinto, estaba el altar con la figura del dios en relieve.
Mitras es un dios solar, osea que su vida es una metáfora del sol. La fiesta más importante que tiene esta religión es el nacimiento del dios de su madre humana, que se festeja cada 25 de diciembre para el solsticio de verano.
Además, los seguidores de Mitras, santificaban también el domingo (como lo hacían todas las religiones). Lo llamaban: el día del sol.
El mistraísmo fue la religión más fuerte que había lo grado “formar” la Iglesia Romana. El pueblo estaba contento y esta religión le satisfacía metafísicamente. Tenía suficientes fiestas religiosas, y algunas paganas (como las pascua). Y además, sus creencias no exigían grandes sacrificios.
Fue la mayor religión hasta el siglo III, en que una nueva figura obligaría a cambiar la teología y la política romana.
Jesús Cristo
Entonces... ya tenemos un dios omnipotente e iracundo, vestido con larga túnica blanca. Que baja un día al desierto y embaraza a una mujer. La mujer bendita, tiene un hijo varón que nace el 25 de Diciembre. Hijo de dios, un ser semi-divino, con poderes que sobrepasan el entendimiento humano. Capaz de convertir el agua en vino, y santificarlo. Que bajó a los infiernos durante tres días y volvió a dejar enseñanzas a sus seguidores. Un dios que hablaba del amor, del bien y del mal.
Pero un nuevo credo surgió entre los soldados romanos, la adoración a un nazareno que había muerto crucificado en el desierto.
La idea de Cristo como Redentor pertenece al tema mundialmente difundido y precristiano del héroe y libertador, quien vuelve a aparecer milagrosamente después de que todos pensaban que había muerto. Hercules y Osiris forman parte de este mito. Cuando y dónde se originó, nadie lo sabe.
Pero gracias a que este mito era muy popular, el cristianismo rápidamente ganó numerosos adeptos, especialmente entre los soldados romanos, quienes ejercieron una participación religiosa activa y muchas veces violenta.
Los “soldados de cristo”, nombre que adoptaron como fraternidad, destruían los templos de otras religiones, mataban a sus sacerdotes y quemaban las casas de quien se les opusiera.
La iglesia tenía que calmar esta ola de violencia y comienza a negociar con sus representantes, pero sus exigencias eran muy ambiciosas. Los cristianos reclamaban la prohibición de todas las religiones existentes por considerarlas paganas, quedando como única religión oficial el cristianismo.
La iglesia no quería ceder. Los hechos de violencia aumentaron. Según algunos historiadores, el incendio de Roma no fue causado por Nerón, sino por aquellos fanáticos religiosos.
El emperador Constantino el Grande, quien acababa de imponer el dominio sobre la totalidad del imperio romano, tuvo que intervenir en la revuelta. Convocó a todos los obispos cristianos del imperio para establecer la paz religiosa y contribuir con la unidad de la Iglesia cristiana. Se conoce esta reunión como el Concilio de Nicea, realizado en Asia Menor en el año 325.
Constantino simpatizaba con el cristianismo, por inclinaciones personales y también políticas: donde hay un solo rey, debe haber un solo dios.
Pero al mismo tiempo había que conformar al resto del pueblo. Podían quitarles su dios, pero no podían cambiar sus ritos, sus creencias y sus festividades a las que ya estaban acostumbrados.
Y así sucedió.
Fué un cambio de bandera, pero no de creencias.
Conclusión
Así surge la Iglesia Cristiana, que mantendrá el control del “bienestar” espiritual del pueblo durante quince siglos. Para mantener este control, adaptará nuevas creencias y ritos, y los impondrá como doctrina. Adoptará la confesión para conocer los secretos del pueblo y sus gobernantes. Inventará el purgatorio para justificar la venta de indulgencias. Creará la Inquisición para anular los focos de insurrección y las desviaciones heréticas. Declarará la guerra al oriente para mantener su poderío territorial.
Todo lo que conforma la religión cristiana, no es más que un conjunto de mitos precristianos teñidos por manipulaciones políticas.
Las verdaderas enseñanzas de Jesús, la que legó a sus discípulos más fieles, se perdieron en el incendio de la Biblioteca de Alejandría en el siglo III.
De las palabras de Jesús no queda nada, incluso dentro del cristianismo.
J.-
12.12.2011
El miedo al sexo dentro la Iglesia.
Leyendo e investigando un poco sobre el estudio comparado de religiones, vino a mi sorpresa que muchos principios de la cristiandad, principios que son las bases de dicha religión, son contradicciones en esencia y hasta difíciles de explicar por sus propios teólogos. En este ensayo propongo describir la particular mirada que del sexo tiene la Iglesia cristiana, y tratar, en la medida de lo posible, de entender sus motivaciones.
Una aclaración, este texto puede resultar ofensivo para las personas más creyentes, ya que trata sobre un un tema tabú dentro del cristianismo. Mi postura, como librepensador, siempre fue atea. Os sugiero no sigáis, si creéis que vuestra fe puede ser mancillada.
La virginidad
Las solteronas, siempre tuvieron una excepcional simpatía entre los católicos. Ellas se mantienen puras y alegres, jamás han conocido los horrores envilecidos del sexo, el desvirgamiento o el parto.
Esto es así, ya que la gloria pareció estar prometida en un principio, y quizás siempre, a los hombres y mujeres que permaneciesen vírgenes. Es el caso de María. Es el caso de Jesús. Era casto. También lo era Juan el Bautista. Ni tampoco se le conoce mujer alguna a los apóstoles.
Jesús decía: “...Y los hay que se hicieron eunucos a sí mismos por amor al reino de los cielos” (Mt 19,12). Algunos de los primeros cristianos, como Orígenes, tomaron literalmente esta afirmación y llegaron al extremo de castrarse así mismos.
El cristianismo, en sus comienzos, odia el sexo.
Este amor a la virginidad, marcará su doctrina hasta nuestros días.
La virginidad era un ideal, pero un ideal que era difícil de proponer... por razones maltusianas. Así que pronto consideraron el matrimonio como el único marco legítimo en que la concupiscencia (búsqueda del goce) podía apagarse, pero solamente para traer hijos al mundo.
“Hombre, tu eres el amo, la mujer es tu esclava, Diós lo quiso así” aconsejaba San Agustín.
El casamiento era un ritual muy importante dentro del judaísmo, Jesús lo valoraba y respetaba en sus palabras. Pero los primeros cristianos, odiaban el casamiento. Era en sí un modo de avalar el deseo y la unión carnal. Se manifestaron en su contra, quisieron abolirlo, pero al ser una tradición muy divulgada socialmente, terminaron por aceptarlo dentro de un marco “legal” y con ciertas condiciones.
Como he dicho, sólo se aceptaba el sexo para la procreación. Incluso, estaba mal visto disfrutarlo.
Todo aquel que se daba al sexo porque se había enamorado o porque buscaba el placer físico se encaminaba a paso ligero a la condenación. Esta actitud sombría condujo finalmente a que la Iglesia legislara sobre los detalles más íntimos de la vida conyugal. En 1215, el clérigo Johannes Teutonicus fue el primero en anunciar que solo había una postura natural en el coito (lo que hoy llamamos postura del misionero). Esta postura deja claro la supremacía del hombre, sobre la mujer. Intentar cualquier otra postura (desde atrás, lateral, sentados, de a pié o anal) era pecado mortal. Incluso, el coitus interruptus, el método de retirada que frustraba la procreación, tenía penitencias de entre dos y diez años
Estas ideas, en las que se justifica el matrimonio y el acto amoroso solamente por y para la procreación, se convirtieron rápidamente en las de la Iglesia cristiana por entero y lo seguirían siendo durante quince siglos, hasta el primer tercio del siglo XX.
Por la misma época, para desacreditar esta “oleada” de casamientos, la iglesia desarrolló el culto a María, que se manifestó con la multiplicación de sus imágenes en las iglesias a partir del siglo XIII. Desde un principio se destacó la virginidad de María como un valor (incluso más fuerte que el de ser madre). Pero esta imagen propuesta tiene una gran contradicción: el modelo que se proponía a las mujeres demasiado humanas resultaba inimitable, inalcanzable. O conservaban la virginidad, o tenían hijos... de cualquier modo se alejaban del modelo virginal de María. Las madres debían sentir que sus vidas eran un fracaso.
Con esta imagen propuesta, las mujeres normales y corrientes quedaban cada vez más lejos de la perfección. Incluso, la idealización de María con el dogma de la Inmaculada Concepción (1854) y el dogma de la Asunción de la Vírgen (1950), solo la alejan más de lo que cualquier ser humano puede aspirar a ser.
Otra gran contradicción resultaron ser los matrimonios no consumados, que durante quince siglos fué el modelo a seguir. Incluso, los besos entre esposos (y ni decir las caricias), fueron mal vistos hasta mediados de siglo XX.
La misoginia
He dicho que Jesús era casto, como Juan y los otros doce discípulos. Pero había una María de Mágdala, que representaba todo lo malo: era prostituta. Y peor aún, lo dicen los evangelios, pasaba mucho tiempo con Jesús.
Jesús siempre estuvo rodeado de mujeres. Y su actitud para con ellas fué tan innovadora que escandalizaba incluso a sus discípulos (Jn 4,27).
Estas mujeres, más creyentes o más pacientes que los hombres, acompañan a Jesús en el día de su martirio final, se quedan frente a la cruz esperando su muerte, y pasan tres días delante del sepulcro. Incluso, cuando Jesús resucita, lo primero que hace es aparecerse a María Magdalena.
¿Porque entonces tanto antifeminismo?
La culpa la tiene el antiguo testamento, en particular el génesis. Para el antiguo judaísmo, la mujer es una “ayuda” del hombre. Fue hecha de su costilla porque ningún animal le convenía. Es más, la mujer judía es un personaje secundario y culpable. Ya que ambos fueron echados del paraíso por su culpa. Y Dios dijo “Parirás con dolor los hijos. Y buscarás con ardor a tu marido, que te dominará” (Gn 3, 1-23). ¿Hay acaso afirmación más misógina?.
La más castigada fué Eva, porque era la más culpable. El hecho de ser madre no fué un honor para la mujer, sino, la consecuencia directa de un pecado original, su pecado. Eva y sus hijas serán, para la eternidad, unas seductoras, unas pecadoras.
Alberto Magno y Tomás de Aquino, repetían hasta la saciedad que la mujer es, más o menos, un fracaso de la creación. Se fundamentaban en que la complexión física es menor, más proclive a enfermedades y contagios. “Endeble y defectuoso” decía santo Tomás.
De esta debilidad se deducía que la mujer debe ser guiada, dominada. La severidad estaba justificada y era necesaria. “Por eso debe corregirla eficazmente, y recurrir así a los golpes cuando las palabras sean inútiles” (Pontas, París 1847).
Pero lo que más le daba miedo a los hombres era la menstruación.
La mujer en regla era una especie de paria de la que convenía alejarse. Era impura. No podían comulgar, ni permanecer en las cercanías de una iglesia, ni su marido la podía tocar. La regla, para esos hombres que aún eran paganos, era un atributo de la diosa Luna. La luna era la noche, la noche era la sombra, lo malo. Y rápidamente se identificó a la mujer con la brujería.
Por ende, la regla también era veneno. La expulsión mensual de venenos no podía sino señalar, en el interior, un individuo malo, pernicioso. Esos flujos inmundos no son más que el espejo de un alma inmunda y pecadora, decía el clero.
Y por si fueran poco las molestias causadas por la propia naturaleza, además, la mujer tiene que seguir trayendo hijos al mundo con dolor. Basta recordar las protestas de los medios cristianos contra los primeros partos sin dolor durante el siglo XX.
La gran contradicción
La gran contradicción, que no logro entender, es que estando el cristianismo basado en las enseñanzas del hijo de dios, mensajero del amor... todas sus enseñanzas son basadas en el amor. Lo más extraño es que consideren al sexo como el engaño, la mentira, el pecado... sabiendo que el sexo puede ser la mayor manifestación de amor posible, donde dos personas son una misma carne, tal como lo decía Jesús.
Y en este desprecio, la mujer es vapuleada, insultada, tratada como un objeto, porque justamente representa al sexo, la lascivia, la lujuria. Por ello, desde la Iglesia, se busca combatir los deseos sexuales. Porque en realidad es un modo de combatir contra la propia mujer.
Otras religiones (como el islam, o el hinduísmo), proponen un sexo sano y, porque no, polígamo. El Tantra, por ejemplo, busca la conección con lo superior a través del sexo y el manejo de las energía vitales. Para el Tantra, es un modo de llegar a dios.
Y es así porque el sexo te hace sentir vivo, feliz, pleno. Una aproximación a la genuina felicidad. Por un momento formás parte de algo superior, sos parte del todo.
Este es el punto más flaco dentro del cristianismo, el no permitir una sexualidad plena y sin culpa. Podemos entender que los intereses fueron muchos a lo largo de la vasta historia de la Iglesia (el control social a través de la confesión, el pecado, la culpa, etc.), pero esa visión persiste hoy en nuestros días.
Una sexualidad plena, es un derecho de cualquier ser humano sea hombre o mujer.
Conclusión
Este ensayo proponía entender el porque de está contradicción, y sólo se me ocurre una respuesta:
Jesús, figura principal del cristianismo, era casto (o por lo menos eso dicen los evangelios). Pero esta castidad, solo es cristiana. Mahoma, fundador y gran figura del Islam, estaba casado y tenía hijos. Moisés, dentro del judaísmo, estaba casado y tenía hijos. El propio Buddha, Siddhartha Gautamá, estaba casado y tenía hijos. Lao-Tsé, fundador del taoísmo, estaba casado y tenía hijos. Confucio, también lo era y tenía hijos. Pero Jesús era casto, al igual que todos sus discípulos y los discípulos de sus discípulos, durante veinte siglos. Una larga cadena de sacerdotes, curas, arzobispos y papas... todos castos. Todos hombres.
¿Porqué?. Simple, porque esta religión fue escrita, corregida y aumentada, por hombres (varones) que le tienen un miedo horrible a la mujer y más aún al sexo. Como un adolescente que tiene miedo de sus instintos, y lo que hace es reprimirlos. Justificando de mil formas posibles esa “elección”, con el único fin de no enfrentarse con sus más terribles miedos.
Y lo peor es que los miedos se enseñan, se inculcan, se transmiten de generación en generación. Disimulados como valores, pero llenando el alma cada vez de más miedo.
J.-
Fuente: "Las cuatro mujeres de Dios" (Guy Bechtel) Post Relacionados: El Origen de las religiones: http://borgessobreelbidet.blogspot.com/2011/05/el-origen-de-las-religiones.html
Breve historia de la intolerancia: http://borgessobreelbidet.blogspot.com/2010/07/breve-historia-de-la-intolerancia.html
10.19.2011
La razón que te domina.
Para entender una sociedad tan materializada como la nuestra, tan superficial y cientificista, primero hay que entender su mayor orgullo: el razonamiento.
Razonar, es pensar: elaborar hipótesis, formular preguntas, lograr mejores beneficios. Esta capacidad de la mente humana, es una herramienta muy poderosa que sirve para dominar los pueblos, hacerlos evolucionar o explotarlos como ganado.
Veamos hasta donde podemos entender este problema.... razonemos.
Los primeros pasos de la razón.
Allá por el siglo XIII, Europa sufría la mayor crisis social de la historia. Estaba empobrecida por el enorme gasto económico que producían las Cruzadas a Medio Oriente. Estos largos desfiles de hombres condenados a la muerte, se hacían sin muchos preparativos y sin mucha planificación. De cualquier modo, las expediciones habían empujado los límites del mundo y de lo conocido. Cada pueblo que se anexaba, era terreno para Roma. Y esta situación favoreció el intercambio entre los pueblos: fué el auge del comercio.
Los comerciantes, hábiles en la lógica y el razonamiento, fueron haciéndose cada vez más poderosos.
Como dije, los reyes se habián empobrecido, y los nobles tampoco eran muy solventes, las familias más grandes de Europa, debieron pedirle dinero prestado a los comerciantes, y estos, vieron una gran ventaja de afianzar su poder estando cerca del rey, formando así las primeras burguesías.
Estos primeros capitalistas (al igual que los actuales), querían asegurar su inversión, y para ello, controlaron de cerca las excursiones a Tierra Santa. Por su simpatía, su carisma, y su gran capacidad de optimizar esfuerzos y producir mayores ganancias, fueron cercanos a sus generales y con ello comenzaron a asesorarlos libremente.
En aquel entonces, los caminos a Tierra Santa eran bastante seguros: se habían abierto “al turismo” de los reyes, los nobles y el clero. Los caballeros templarios protegían aquellos caminos, con una amplia línea de postas que estaban a un día de caballo entre ellas. Eran lugares o posadas, donde los feligreses podían comer y dormir cómodamente. Pero esta nueva ola de riquezas que transitaba por las áridas tierras orientales, atrajo la mirada de malechores y ladrones, nuevamente.
Y aquí deslumbró el pensamiento capitalista, dictaminando que era más seguro dejar todo el dinero en la primer posta, donde se le otorgaba al depositario un certificado. Este “papel a la órden” se presentaba al terminar el viaje en la última posta, y allí le devolvían una suma igual al dinero depositado. Así nació el cheque. El primer billete legal del mundo.
El comercio con Europa, y en especial con Medio Oriente, necesitaba grandes planificaciones: Se llamaron a matemáticos y cartógrafos, se consideraron muchas variables de ganancia y riesgo. Esto derivó en un auge de la lógica y el cálculo. Pero también, se perfeccionaron la geometría, la física, la balística y toda ciencia que se considerase útil.
Los burgueses, se hicieron cada vez más poderosos, y los reyes se codeaban cada vez más con ellos. Pero la iglesia de Roma era distinta, era un imperio. Sus motivaciones no eran solamente el dinero, tenían motivaciones más altas, y no hablo de las espirituales. Roma ostentaba poder, y eso a los comerciantes burgueses los seducía, como la gacela seduce a los lobos.
Y así Babilonia, la prostituta de la ciudad, se casó con Roma. La burguesía, se convirtió en aristocracia, y formaron poderosas familias, como los Médici o los Sforza.
Roma creció de modo descomunal, como ninguna ciudad en la historia lo había hecho. Se respiraban nuevos conocimientos, se escuchaban otros idiomas, se conocían nuevos dioses, se aprendía de todo lo nuevo y de todo se quería saber.
Cada descubirmiento nuevo era medido e interpretado por el pensamiento burgués (con el razonamiento y las matemáticas), lo que derivó en la mayor explosión de conocimiento y ciencia que la humanidad nunca vivió. Filosofía, historia, cartografía, astronomía, física, movimientos como el humanismo y porsupuesto: el arte.
El retrato como documento.
Los reyes eran asesorados por la aristocracia, y muchas veces eran la aristocracia misma. Poco a poco aumentaron su poder aliándose con otras regiones, rubricando dicho pacto con un “matrimonio real” (había que asegurar que la unión fuera duradera, y para ello se usaba la iglesia como escribano).
Los reyes más caprichosos, querían conocer a sus prometidas, y los relatos de los mensajeros eran insuficientes. Los burgueses llamaron a los mejores artistas de Europa para que pintaran retratos de reinas y doncellas, y quien fuera más realista, tenía mejores trabajos y mayores contactos.
Los burgueses no saben de arte, solo de números. Los retratos eran un documento “fiel”, del mismo modo que hoy pedimos una foto antes de una cita ciega. Pero ante el capricho de los reyes, los comerciantes encontraron un nuevo “negocio”.
Llevó poco tiempo hasta que las recámaras de los castillos se llenaron de grandes cuadros luminosos, que se despegaban de la oscuridad y dureza góticas.
Las cruzadas habían terminado, y con ellas la competencia por las “reliquias santas”. El retrato era también un modo de ostentar poder y riquezas, de tener algo único. Del mismo modo que la Iglesia certificaba su poderío con un trozo de madera de la Cruz del Gólgota, la burguesía lo hizo con los mejores trabajos de los mayores artistas europeos. Y Roma fue la sede de la explosión artística que conmocionó al mundo: el Renacimiento.
Los tres protegidos papales.
La Edad Media se caracterizó por la supremacía de la Iglesia, imponiendo una mentalidad dogmática, totalitaria y violenta. Pero esta omnipotencia fue perdiendo poco a poco el poder en manos del razonamiento. Hacia el siglo XV, por toda Roma se cuestionaban los principios y los valores que habían regido durante siglos.
Entonces la iglesia, muy hábilmente, demostró su poder tomando para sí los mejores pintores del renacimiento: Leonardo, Miguel Ángel y Raphael. Y utilzó su capacidad para realzar las grandes figuras que eran pilares fundamentales de la fe cristiana. Incluso les pidieron retratar a Dios.
Es arto conocido el movimiento Renacentista, basta como ejemplo mencionar a Leonardo Da Vinci, quien escribe uno de los pilares fundamentales de la nueva estética revolucionaria, Tratado sobre la pintura. En ese manifiesto, define y describe el uso de la perspectiva geométrica, la dispersión de la luz, la perspectiva aérea, las proporciones armónicas de los cuerpos humanos, la sección áurea y las difusión de los colores que “tiñen” los objetos. Todo ampliamente probado y demostrado matemáticamente.
Todo lo conocido por el hombre, y el hombre mismo, se reducían a una estructura geométrica; y con estas proporciones se construía un cuerpo lleno de curvas que presentaban los volúmenes reales con el uso de la luz y la sombra.
El mayor artista de todos los tiempos, deconstruía la realidad a sus expresiones más abstractas y geométricas, para luego recrearlas con mucho trabajo y esfuerzo.
Y aquí es donde el razonamiento entra por primera vez en el arte. Para ayudarlo a evolucionar y expandirse.
Fué un matrimonio feliz... sólo por un tiempo.
¿Y que pasó con el arte?
El razonamiento, no sabe de arte. No busca sentir, busca entender. Todo artista es un ser contradictorio, en él conviven dos fuerzas pujando en una lucha interna. Una, buscando los sentimientos mas abstractos del hombre, y la otra, “frivolinzándolos” con su interpretación y entendimiento. Y justamente de este choque proviene su arte. Todo movimiento estético es un acto de rebeldía ante los cánones precedentes y también hacia uno mismo. El renacimiento se reveló contra el arte gótico, como tiempo después el dadaísmo lo hizo con la sociedad burguesa.
Pasó que el razonamiento en el arte, terminó por destruirlo llevándolo al extremo de la simplificación estética, y la búsqueda de abstracciones cada vez más arbitrarias.
Así como el pensamiento burgués, orgulloso de su lógica y el calculo, convivieron con los reyes debilitándolos poco a poco, hasta derrotarlos en la Revolución Francesa. El razonamiento, entró en la pintura para ayudarla a crecer y desprenderse de los viejos cánones estéticos, pero después de un tiempo, la debilitó y destruyó completamente.
Esos esqueletos geométricos, que formaban las estructuras del arte renacentista, tan claros en El Hombre de Vitruvio, poco a poco fueron revelándose contra las carnes y las curvas, haciendo trazos mas simples, formas más abstractas, hasta finalmente negar cualquier parecido con realidad y presentarse como “las nuevas vanguardias”, como lo fué el futurismo o el cubismo.
Conclusión.
La razón, no solo dominó todo lo que el hombre hacía, también dominó todo lo que el hombre es y siente, y lo hizo a través de la psicología y las ciencias humanas.
Los expresionistas de comienzo de siglo pasado, sabían que tenían que defender ese último bastión del hombre, que es su psiqués irracional. Pero no pudieron. El Grito de Edvard Munch, es en realidad el último grito del pensamiento irracional, expresado dentro del arte; diciéndonos desde el espejo, “Cuidado, te estás matando. Tengo miedo de vos”.
El surrealismo que había empezado tan bien, cedió rápidamente. Y luego el arte comenzó a idolatrar al hombre-máquina, como ser superior.
Y apartir de allí, después de una larga agonía que duró siglos, con mayores o menores luchas ideológicas, finalmente el razonamiento dominó el mundo y el alma humana.
Alabad a nuestro nuevo Dios.
Biografía: Hombres y Engranajes, de Ernesto Sábato. Tratado sobre la pintura, de Leonardo Da Vinci.
Razonar, es pensar: elaborar hipótesis, formular preguntas, lograr mejores beneficios. Esta capacidad de la mente humana, es una herramienta muy poderosa que sirve para dominar los pueblos, hacerlos evolucionar o explotarlos como ganado.
Veamos hasta donde podemos entender este problema.... razonemos.
Los primeros pasos de la razón.
Allá por el siglo XIII, Europa sufría la mayor crisis social de la historia. Estaba empobrecida por el enorme gasto económico que producían las Cruzadas a Medio Oriente. Estos largos desfiles de hombres condenados a la muerte, se hacían sin muchos preparativos y sin mucha planificación. De cualquier modo, las expediciones habían empujado los límites del mundo y de lo conocido. Cada pueblo que se anexaba, era terreno para Roma. Y esta situación favoreció el intercambio entre los pueblos: fué el auge del comercio.
Los comerciantes, hábiles en la lógica y el razonamiento, fueron haciéndose cada vez más poderosos.
Como dije, los reyes se habián empobrecido, y los nobles tampoco eran muy solventes, las familias más grandes de Europa, debieron pedirle dinero prestado a los comerciantes, y estos, vieron una gran ventaja de afianzar su poder estando cerca del rey, formando así las primeras burguesías.
Estos primeros capitalistas (al igual que los actuales), querían asegurar su inversión, y para ello, controlaron de cerca las excursiones a Tierra Santa. Por su simpatía, su carisma, y su gran capacidad de optimizar esfuerzos y producir mayores ganancias, fueron cercanos a sus generales y con ello comenzaron a asesorarlos libremente.
En aquel entonces, los caminos a Tierra Santa eran bastante seguros: se habían abierto “al turismo” de los reyes, los nobles y el clero. Los caballeros templarios protegían aquellos caminos, con una amplia línea de postas que estaban a un día de caballo entre ellas. Eran lugares o posadas, donde los feligreses podían comer y dormir cómodamente. Pero esta nueva ola de riquezas que transitaba por las áridas tierras orientales, atrajo la mirada de malechores y ladrones, nuevamente.
Y aquí deslumbró el pensamiento capitalista, dictaminando que era más seguro dejar todo el dinero en la primer posta, donde se le otorgaba al depositario un certificado. Este “papel a la órden” se presentaba al terminar el viaje en la última posta, y allí le devolvían una suma igual al dinero depositado. Así nació el cheque. El primer billete legal del mundo.
El comercio con Europa, y en especial con Medio Oriente, necesitaba grandes planificaciones: Se llamaron a matemáticos y cartógrafos, se consideraron muchas variables de ganancia y riesgo. Esto derivó en un auge de la lógica y el cálculo. Pero también, se perfeccionaron la geometría, la física, la balística y toda ciencia que se considerase útil.
Los burgueses, se hicieron cada vez más poderosos, y los reyes se codeaban cada vez más con ellos. Pero la iglesia de Roma era distinta, era un imperio. Sus motivaciones no eran solamente el dinero, tenían motivaciones más altas, y no hablo de las espirituales. Roma ostentaba poder, y eso a los comerciantes burgueses los seducía, como la gacela seduce a los lobos.
Y así Babilonia, la prostituta de la ciudad, se casó con Roma. La burguesía, se convirtió en aristocracia, y formaron poderosas familias, como los Médici o los Sforza.
Roma creció de modo descomunal, como ninguna ciudad en la historia lo había hecho. Se respiraban nuevos conocimientos, se escuchaban otros idiomas, se conocían nuevos dioses, se aprendía de todo lo nuevo y de todo se quería saber.
Cada descubirmiento nuevo era medido e interpretado por el pensamiento burgués (con el razonamiento y las matemáticas), lo que derivó en la mayor explosión de conocimiento y ciencia que la humanidad nunca vivió. Filosofía, historia, cartografía, astronomía, física, movimientos como el humanismo y porsupuesto: el arte.
El retrato como documento.
Los reyes eran asesorados por la aristocracia, y muchas veces eran la aristocracia misma. Poco a poco aumentaron su poder aliándose con otras regiones, rubricando dicho pacto con un “matrimonio real” (había que asegurar que la unión fuera duradera, y para ello se usaba la iglesia como escribano).
Los reyes más caprichosos, querían conocer a sus prometidas, y los relatos de los mensajeros eran insuficientes. Los burgueses llamaron a los mejores artistas de Europa para que pintaran retratos de reinas y doncellas, y quien fuera más realista, tenía mejores trabajos y mayores contactos.
Los burgueses no saben de arte, solo de números. Los retratos eran un documento “fiel”, del mismo modo que hoy pedimos una foto antes de una cita ciega. Pero ante el capricho de los reyes, los comerciantes encontraron un nuevo “negocio”.
Llevó poco tiempo hasta que las recámaras de los castillos se llenaron de grandes cuadros luminosos, que se despegaban de la oscuridad y dureza góticas.
Las cruzadas habían terminado, y con ellas la competencia por las “reliquias santas”. El retrato era también un modo de ostentar poder y riquezas, de tener algo único. Del mismo modo que la Iglesia certificaba su poderío con un trozo de madera de la Cruz del Gólgota, la burguesía lo hizo con los mejores trabajos de los mayores artistas europeos. Y Roma fue la sede de la explosión artística que conmocionó al mundo: el Renacimiento.
Los tres protegidos papales.
La Edad Media se caracterizó por la supremacía de la Iglesia, imponiendo una mentalidad dogmática, totalitaria y violenta. Pero esta omnipotencia fue perdiendo poco a poco el poder en manos del razonamiento. Hacia el siglo XV, por toda Roma se cuestionaban los principios y los valores que habían regido durante siglos.
Entonces la iglesia, muy hábilmente, demostró su poder tomando para sí los mejores pintores del renacimiento: Leonardo, Miguel Ángel y Raphael. Y utilzó su capacidad para realzar las grandes figuras que eran pilares fundamentales de la fe cristiana. Incluso les pidieron retratar a Dios.
Es arto conocido el movimiento Renacentista, basta como ejemplo mencionar a Leonardo Da Vinci, quien escribe uno de los pilares fundamentales de la nueva estética revolucionaria, Tratado sobre la pintura. En ese manifiesto, define y describe el uso de la perspectiva geométrica, la dispersión de la luz, la perspectiva aérea, las proporciones armónicas de los cuerpos humanos, la sección áurea y las difusión de los colores que “tiñen” los objetos. Todo ampliamente probado y demostrado matemáticamente.
Todo lo conocido por el hombre, y el hombre mismo, se reducían a una estructura geométrica; y con estas proporciones se construía un cuerpo lleno de curvas que presentaban los volúmenes reales con el uso de la luz y la sombra.
El mayor artista de todos los tiempos, deconstruía la realidad a sus expresiones más abstractas y geométricas, para luego recrearlas con mucho trabajo y esfuerzo.
Y aquí es donde el razonamiento entra por primera vez en el arte. Para ayudarlo a evolucionar y expandirse.
Fué un matrimonio feliz... sólo por un tiempo.
¿Y que pasó con el arte?
El razonamiento, no sabe de arte. No busca sentir, busca entender. Todo artista es un ser contradictorio, en él conviven dos fuerzas pujando en una lucha interna. Una, buscando los sentimientos mas abstractos del hombre, y la otra, “frivolinzándolos” con su interpretación y entendimiento. Y justamente de este choque proviene su arte. Todo movimiento estético es un acto de rebeldía ante los cánones precedentes y también hacia uno mismo. El renacimiento se reveló contra el arte gótico, como tiempo después el dadaísmo lo hizo con la sociedad burguesa.
Pasó que el razonamiento en el arte, terminó por destruirlo llevándolo al extremo de la simplificación estética, y la búsqueda de abstracciones cada vez más arbitrarias.
Así como el pensamiento burgués, orgulloso de su lógica y el calculo, convivieron con los reyes debilitándolos poco a poco, hasta derrotarlos en la Revolución Francesa. El razonamiento, entró en la pintura para ayudarla a crecer y desprenderse de los viejos cánones estéticos, pero después de un tiempo, la debilitó y destruyó completamente.
Esos esqueletos geométricos, que formaban las estructuras del arte renacentista, tan claros en El Hombre de Vitruvio, poco a poco fueron revelándose contra las carnes y las curvas, haciendo trazos mas simples, formas más abstractas, hasta finalmente negar cualquier parecido con realidad y presentarse como “las nuevas vanguardias”, como lo fué el futurismo o el cubismo.
Conclusión.
La razón, no solo dominó todo lo que el hombre hacía, también dominó todo lo que el hombre es y siente, y lo hizo a través de la psicología y las ciencias humanas.
Los expresionistas de comienzo de siglo pasado, sabían que tenían que defender ese último bastión del hombre, que es su psiqués irracional. Pero no pudieron. El Grito de Edvard Munch, es en realidad el último grito del pensamiento irracional, expresado dentro del arte; diciéndonos desde el espejo, “Cuidado, te estás matando. Tengo miedo de vos”.
El surrealismo que había empezado tan bien, cedió rápidamente. Y luego el arte comenzó a idolatrar al hombre-máquina, como ser superior.
Y apartir de allí, después de una larga agonía que duró siglos, con mayores o menores luchas ideológicas, finalmente el razonamiento dominó el mundo y el alma humana.
Alabad a nuestro nuevo Dios.
Biografía: Hombres y Engranajes, de Ernesto Sábato. Tratado sobre la pintura, de Leonardo Da Vinci.
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