10.19.2011

La razón que te domina.


Para entender una sociedad tan materializada como la nuestra, tan superficial y cientificista, primero hay que entender su mayor orgullo: el razonamiento.
Razonar, es pensar: elaborar hipótesis, formular preguntas, lograr mejores beneficios.  Esta capacidad de la mente humana, es una herramienta muy poderosa que sirve para dominar los pueblos, hacerlos evolucionar o explotarlos como ganado.
Veamos hasta donde podemos entender este problema.... razonemos.


Los primeros pasos de la razón.

Allá por el siglo XIII, Europa sufría la mayor crisis social de la historia.  Estaba empobrecida por el enorme gasto económico que producían las Cruzadas a Medio Oriente.  Estos largos desfiles de hombres condenados a la muerte, se hacían sin muchos preparativos y sin mucha planificación.  De cualquier modo, las expediciones habían empujado los límites del mundo y de lo conocido.  Cada pueblo que se anexaba, era terreno para Roma.  Y esta situación favoreció el intercambio entre los pueblos:  fué el auge del comercio.
Los comerciantes, hábiles en la lógica y el razonamiento, fueron haciéndose cada vez más poderosos.
Como dije, los reyes se habián empobrecido, y los nobles tampoco eran muy solventes, las familias más grandes de Europa, debieron pedirle dinero prestado a los comerciantes, y estos, vieron una gran ventaja de afianzar su poder estando cerca del rey, formando así las primeras burguesías.

Estos primeros capitalistas (al igual que los actuales), querían asegurar su inversión, y para ello, controlaron de cerca las excursiones a Tierra Santa.  Por su simpatía, su carisma, y su gran capacidad de optimizar esfuerzos y producir mayores ganancias, fueron cercanos a sus generales y con ello comenzaron a asesorarlos libremente.
En aquel entonces, los caminos a Tierra Santa eran bastante seguros: se habían abierto “al turismo” de los reyes, los nobles y el clero.  Los caballeros templarios protegían aquellos caminos, con una amplia línea de postas que estaban a un día de caballo entre ellas.  Eran lugares o posadas, donde los feligreses podían comer y dormir cómodamente.  Pero esta nueva ola de riquezas que transitaba por las áridas tierras orientales, atrajo la mirada de malechores y ladrones, nuevamente.

Y aquí deslumbró el pensamiento capitalista, dictaminando que era más seguro dejar todo el dinero en la primer posta, donde se le otorgaba al depositario un certificado.  Este “papel a la órden” se presentaba al terminar el viaje en la última posta, y allí le devolvían una suma igual al dinero depositado.  Así nació el cheque.  El primer billete legal del mundo.

El comercio con Europa, y en especial con Medio Oriente, necesitaba grandes planificaciones:  Se llamaron a matemáticos y cartógrafos, se consideraron muchas variables de ganancia y riesgo.  Esto derivó en un auge de la lógica y el cálculo.  Pero también, se perfeccionaron la geometría, la física, la balística y toda ciencia que se considerase útil.

Los burgueses, se hicieron cada vez más poderosos, y los reyes se codeaban cada vez más con ellos.  Pero la iglesia de Roma era distinta, era un imperio.  Sus motivaciones no eran solamente el dinero, tenían motivaciones más altas, y no hablo de las espirituales.  Roma ostentaba poder, y eso a los comerciantes burgueses los seducía, como la gacela seduce a los lobos.
Y así Babilonia, la prostituta de la ciudad, se casó con Roma.   La burguesía, se convirtió en aristocracia, y formaron poderosas familias, como los Médici o los Sforza.
Roma creció de modo descomunal, como ninguna ciudad en la historia lo había hecho. Se respiraban nuevos conocimientos, se escuchaban otros idiomas, se conocían nuevos dioses, se aprendía de todo lo nuevo y de todo se quería saber.
Cada descubirmiento nuevo era medido e interpretado por el pensamiento burgués (con el razonamiento y las matemáticas), lo que derivó en la mayor explosión de conocimiento y ciencia que la humanidad nunca vivió.  Filosofía, historia, cartografía, astronomía, física, movimientos como el humanismo y porsupuesto: el arte.


El retrato como documento.

Los reyes eran asesorados por la aristocracia, y muchas veces eran la aristocracia misma.  Poco a poco aumentaron su poder aliándose con otras regiones, rubricando dicho pacto con un “matrimonio real” (había que asegurar que la unión fuera duradera, y para ello se usaba la iglesia como escribano).  
Los reyes más caprichosos, querían conocer a sus prometidas, y los relatos de los mensajeros eran insuficientes.  Los burgueses llamaron a los mejores artistas de Europa para que pintaran retratos de reinas y doncellas, y quien fuera más realista, tenía mejores trabajos y mayores contactos.
Los burgueses no saben de arte, solo de números.  Los retratos eran un documento “fiel”, del mismo modo que hoy pedimos una foto antes de una cita ciega.  Pero ante el capricho de los reyes, los comerciantes encontraron un nuevo “negocio”.
Llevó poco tiempo hasta que las recámaras de los castillos se llenaron de grandes cuadros luminosos, que se despegaban de la oscuridad y dureza góticas.
Las cruzadas habían terminado, y con ellas la competencia por las “reliquias santas”. El retrato era también un modo de ostentar poder y riquezas, de tener algo único.  Del mismo modo que la Iglesia certificaba su poderío con un trozo de madera de la Cruz del Gólgota, la burguesía lo hizo con los mejores trabajos de los mayores artistas europeos.   Y Roma fue la sede de la explosión artística que conmocionó al mundo: el Renacimiento.


Los tres protegidos papales.

La Edad Media se caracterizó por la supremacía de la Iglesia, imponiendo una mentalidad dogmática, totalitaria y violenta.  Pero esta omnipotencia fue perdiendo poco a poco el poder en manos del razonamiento.  Hacia el siglo XV, por toda Roma se cuestionaban los principios y los valores que habían regido durante siglos.
Entonces la iglesia, muy hábilmente, demostró su poder tomando para sí los mejores pintores del renacimiento:  Leonardo, Miguel Ángel y Raphael.  Y utilzó su capacidad para realzar las grandes figuras que eran pilares fundamentales de la fe cristiana.  Incluso les pidieron retratar a Dios.
Es arto conocido el movimiento Renacentista, basta como ejemplo mencionar a Leonardo Da Vinci, quien escribe uno de los pilares fundamentales de la nueva estética revolucionaria, Tratado sobre la pintura.  En ese manifiesto, define y describe el uso de la perspectiva geométrica, la dispersión de la luz, la perspectiva aérea, las proporciones armónicas de los cuerpos humanos, la sección áurea y las difusión de los colores que “tiñen” los objetos.  Todo ampliamente probado y demostrado matemáticamente.
Todo lo conocido por el hombre, y el hombre mismo, se reducían a una estructura geométrica; y con estas proporciones se construía un cuerpo lleno de curvas que presentaban los volúmenes reales con el uso de la luz y la sombra.
El mayor artista de todos los tiempos, deconstruía la realidad a sus expresiones más abstractas y geométricas, para luego recrearlas con mucho trabajo y esfuerzo.
Y aquí es donde el razonamiento entra por primera vez en el arte.  Para ayudarlo a evolucionar y expandirse.
Fué un matrimonio feliz... sólo por un tiempo.


¿Y que pasó con el arte?

El razonamiento, no sabe de arte.  No busca sentir, busca entender.  Todo artista es un ser contradictorio, en él conviven dos fuerzas pujando en una lucha interna.  Una, buscando los sentimientos mas abstractos del hombre, y la otra, “frivolinzándolos” con su interpretación y entendimiento.  Y justamente de este choque proviene su arte.  Todo movimiento estético es un acto de rebeldía ante los cánones precedentes y también hacia uno mismo.  El renacimiento se reveló contra el arte gótico, como tiempo después el dadaísmo lo hizo con la sociedad burguesa.

Pasó que el razonamiento en el arte, terminó por destruirlo llevándolo al extremo de la simplificación estética, y la búsqueda de abstracciones cada vez más arbitrarias.
Así como el pensamiento burgués, orgulloso de su lógica y el calculo, convivieron con los reyes debilitándolos poco a poco, hasta derrotarlos en la Revolución Francesa.  El razonamiento, entró en la pintura para ayudarla a crecer y desprenderse de los viejos cánones estéticos, pero después de un tiempo, la debilitó y destruyó completamente.
Esos esqueletos geométricos, que formaban las estructuras del arte renacentista, tan claros en El Hombre de Vitruvio, poco a poco fueron revelándose contra las carnes y las curvas, haciendo trazos mas simples, formas más abstractas, hasta finalmente negar cualquier parecido con realidad y presentarse como “las nuevas vanguardias”, como lo fué el futurismo o el cubismo.


Conclusión.

La razón, no solo dominó todo lo que el hombre hacía, también dominó todo lo que el hombre es y siente, y lo hizo a través de la psicología y las ciencias humanas.
Los expresionistas de comienzo de siglo pasado,  sabían que tenían que defender ese último bastión del hombre, que es su psiqués irracional.  Pero no pudieron.  El Grito de Edvard Munch, es en realidad el último grito del pensamiento irracional, expresado dentro del arte;  diciéndonos desde el espejo, “Cuidado, te estás matando.  Tengo miedo de vos”.
El surrealismo que había empezado tan bien, cedió rápidamente.  Y luego el arte comenzó a idolatrar al hombre-máquina, como ser superior.

Y apartir de allí, después de una larga agonía que duró siglos, con mayores o menores luchas ideológicas, finalmente el razonamiento dominó el mundo y el alma humana.

Alabad a nuestro nuevo Dios.


Biografía:  Hombres y Engranajes, de Ernesto Sábato.  Tratado sobre la pintura, de Leonardo Da Vinci.  

5.08.2011

Las Gotas de Espíritu.


Se me ocurrió pensar en cual sería la palabra más hermosa de todas.  La más bella que haya creado la humanidad.  O dicho de otro modo, la que tenga la enorme responsabilidad de ponerle nombre a los deseos más bellos que el hombre posee.
Esa palabra, para mí, es: námaste.  Recuerdenló.
Proviene del sánscrito, antigua lengua oriental que aún se conserva en algunos lugares de la india.  El hinduísmo es la religión más popular en el sur de asia, caracterizada por una cosmogénesis, muy distinta a la que tenemos aquí, en occidente.
Y es tan distinta a la nuestra, que un enunciado como éste, tendría sentido:

“El espíritu que se alojó dentro del cuerpo de Siddhartha Gautama, el Buda.  Quizá, fue también el mismo espíritu que estaba dentro del primer pez que salió del agua y comenzó a caminar sobre la tierra”.

Parece agarrado de los pelos, pero realmente es posible (lo confirmaría cualquier hindú).  Se me ocurrió como una rima, pero es un pensamiento hermoso.  Solo que para entender su belleza, tengo que explicar algunos puntos.


LA REENCARNACIÓN

El hinduísmo (y mucha de la filosofía oriental), creen en la reencarnación tan “firmemente” como nosotros creemos que no la hay.
Ellos, dicen que dentro de nosotros, de todos los seres humanos (y todos los animales), hay una pequeña gota de espíritu, una chispa de dios, que se creó en el mismo instante en que se creo el universo.
Todo lo que conocemos, todo este planeta y todas las estrellas que cubren el cielo, se crearon en una gran explosión.  Y lo que dio origen a ese Big Bang, fue una pequeña esfera que contenía toda la materia del universo, un punto de densidad infinita.
Esa pequeña bola cósmica, es llamada el “huevo de Brahma”.  Pero el nombre no importa.
La explosión de este huevo, generó oleadas de materia que se arremolinaron y se transformaron en nebulosas de polvo estelar, la presión y la fuerza centrípeta de ellas, hizo que se compactara, creando los primeros astros.

Pero junto con la materia, se había creado también “el espíritu del universo”.  Una especie de “dios” que está en todos lados, y vive en un plano muy distinto al nuestro, en “otra” dimensión, que no se rige por nuestras leyes físicas, y que el tiempo no le afecta en absoluto.
Este espíritu, también llamado Brahma, vive en todas partes, diseminado por el universo bajo la forma de pequeñas gotas de rocío.  Todas iguales, bellas y perfectas.
Gotas que tampoco podemos ver, porque están en aquel “otro” plano.

Estas “gotas de espíritu”, se alojan por primera vez dentro de la materia (puede ser una roca, un río, o el mismo aire), y cada una de ellas, comienza una búsqueda por su propia independencia, su propia movilidad, su propia “evolución”.
En esa búsqueda, comienza a jugar con los átomos, moviendo lentamente un electrón para un lado o para el otro.  Poniendo o sacando un protón.  Y de este modo, el espíritu, la suma de esas gotas, comienza a crear nuevos elementos como oxígeno, fósforo, azufre, calcio, sodio, potasio y carbono.
Y lentamente fue formando un cuerpo donde habitar, y lo hizo con los elementos que tenía. Después de mucho probar, pudo crear una nueva forma de vida, cercana a la piedra que la vió nacer, y así creó los hongos.
Había creado la primer forma de vida, como nosotros la conocemos, pero no se detuvo y construyó las plantas, y el mundo se pobló de tréboles, pastos y helechos.
Estas “gotas”, forman la materia.  Le dan movilidad, le dan forma, y el lugar mas fácil de hacerlo es dentro del agua, y así nacen nuevas formas de vida más complejas, nuevos seres multicelulares, y después de un tiempo: los peces.

Uno de ellos, tenía dentro suyo una “gota” muy especial.  Esa gota se manifestaba en su coraje y alto racionamiento (lo máximo que puede razonar un pez).  Y supo que para evolucionar a nuevas formas, tenían que salir del agua.  Evolucionar es el único camino posible, todas las “gotas de espíritu” lo saben, y quieren lo mismo.  Y ese salto de fé, fue seguido por muchas gotas más.  Y de este modo, los espíritus, después de mucho probar y arrastrarse, se moldearon patas.


LA ÚNICA REGLA

No se puede estar mucho tiempo lejos de Brahma.  Las pequeñas gotas, después de permanecer un tiempo en este mundo jugando con átomos y vistiendo disfraces de formas, tienen que irse.  No explican porqué.  Me imagino que será una especie de pausa, como un descanso que tiene que cumplir el alma.  Nadie sabe.
Hay quienes dicen que las almas se van para rendir cuentas a un ser superior, sobre las acciones que se hicieron en la vida.  Una especie de reporte de su progreso y sus avances.
Después de una merecida siesta, el espíritu, el “alma” si se quiere, vuelve a entrar en la materia para seguir evolucionando, viviendo o jugando... que es lo mismo.

La única regla inquebrantable es que el alma en algún momento tiene que volver, abandonar el cuerpo que habita y dejar sus átomos para que nuevas formas surjan y nuevos espíritus las pueblen.
Vida, muerte y resurrección en otro cuerpo, en otra forma de vida, un poco más evolucionada.
Miles de reencarnaciones, o quizá millones.  Aprendiendo, en cada período de vida, un poco más para seguir evolucionando.


EL HOMBRE

La Teoría de la Evolución de Darwin, nos plantea algo parecido: la evolución de las formas de vida, fue causada por la variabilidad de especies, resultado de la aleatoriedad y el azar biológico celular.  En cambio, para el hinduísmo (si lo consideramos también una teoría), la evolución está producida por el mismo espíritu buscando nuevas formas de manifestarse, y poder vivir en ellas.  Arboles, plantas, aves, reptiles, animales, mamíferos herbívoros o carnívoros.  El espíritu fue lobo, puma, caballo, perro, mono, y finalmente hombre.

Me gusta mucho ver la evolución de este modo, porque formamos parte de ella.  Para los hinduístas, este mundo lleno de alegrías y vivencias, lo construimos nosotros.  No hablo de los automóviles o rascacielos solamente, hablo también de todos los arboles, animales y plantas, que nos rodean.  Hablo te todo lo que vemos y conocemos.  Cada cosa, cada árbol, cada animal, cada ser, alguna vez lo hemos habitado.  Todo en este mundo, alguna vez ha sido nuestro cuerpo.  
Todos fuimos alguna vez piedra, y vivimos dentro de ella.  Aprendimos a tomar una forma nueva (primero vegetal y luego animal) cada vez que veníamos a este mundo.  Y ayudábamos, como podíamos a la “evolución” del propio individuo, que es en sí la evolución de todo el mundo, de todos los espíritus.


COOPERACIÓN

Pero estos espíritus no son egoístas, la evolución no es una carrera por llegar primero, porque no hay perdedores; todos cooperan buscando la evolución de todos.  Cuando uno de ellos descubre algo, un modo mejor de evolucionar... un pensamiento, una idea, una epifanía; se los comunica a los demás, de diferentes modos:  en un cuadro, con el arte, la música, las palabras, los libros, los consejos y especialmente como: padre o madre.  Todos queremos que las generaciones que nos sustituyan, sean mejores de lo que nosotros fuimos.  Eso es evolución.

Ahora, sabiendo esto, no es tan loco pensar que el espíritu que vivía dentro de (y era) el Buda, sea el mismo espíritu que alguna vez, desde la orilla de un mundo que no conocíamos, en un cuerpo sin piernas... nos gritó “se que es por acá, tendrán que caminar, y aprenderán a hacerlo aunque no sepan como, tendrán que aprender en el camino, porque os prometo, que todo el esfuerzo, va a terminar en un forma hermosa, la más bella de todas... la que algún día habitaremos y seremos perfectos y felices ...  Námaste.”


LA PALABRA MÁS BELLA DE TODAS

El hiduismo tiene una frase para bendecir a las personas:  námaste, es la equivalente a nuestro hola, adiós, gracias, o por favor.  Se usa para saludar, despedirse, pedir, agradecer y resar.  Námaste, es “reverencia ante tí”.  Tiene muchos significados, alguno de ellos son:

El Dios en mí ve y honra al Dios en ti.

Lo divino en mí saluda a lo divino en ti.

Veo el bien en ti, porque sé del bien en mí.

Yo saludo ese lugar donde tú y yo somos uno.

Yo honro al espíritu en ti que también está en mí.

Mi energía más alta saluda a tu energía más alta.

Mi saludo reconoce la igualdad de todos, y rinde honor a la santidad e interconexión entre todos, así como a la fuente de esa unión.

Yo honro ese lugar en ti en donde habita el universo entero, yo honro ese lugar en ti que es un lugar de amor, de verdad, de luz. Y sé que cuando tú estás en ese lugar dentro de ti, y yo estoy en ese lugar dentro de mí, tú y yo somos uno solo.


Que mucho se puede decir con una palabra.

Námaste...

Me prometo usarla más seguido.

J.-

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5.04.2011

El Origen de las Religiones


Si bien he planteado anteriormente algunas observaciones desde la Comparación de Religiones, en este caso me quiero abocar a una opinión formada que tengo sobre el origen de las mismas.  La creencia en una religión, más específicamente, en una cosmogonía del universo y nuestra participación en ella, es innato a la raza humana y viene desde nosotros mismos, por un simple proceso de pensamiento lógico que quiero teorizar y ejemplificar.


Imaginemos un grupo de personas que no tengan ningún conocimiento religioso, carecen de teoría sobre la creación del hombre y de su mundo.  Nunca escucharon hablar de dioses, ni de castigos divinos.  De ritos, ni de iglesias.
Imaginemos, un grupo de personas (quizás nuestros ancestros homínidos) que se despiertan en medio del bosque, sin saber como llegaron y sin saber si quiera que son.
Pero hay algo que los atrae, los moviliza racionalmente y les da miedo.


DOS MUNDOS ANTAGÓNICOS

“La naturaleza no sabe de lineas rectas”... quizás, la única línea recta que exista en todo el globo sea la línea del horizonte.  
El horizonte, divide el mundo en dos.  La mitad inferior, el mundo “terrenal”, es un mundo “medible”.  Que se puede tocar, se puede manipular.  Puedo abrir una naranja y verla por dentro, puedo abrir un animal y entender sus partes y su funcionamiento.  Puedo entender este universo.  Este mundo cambia, se modifica y nosotros formamos parte de ese cambio.  Lo manipulo, lo entiendo, soy parte de él.
La otra midad del universo, la mitad “celeste”, es un desafío para los sentidos y la racionalidad.  No lo puedo tocar, ni mucho menos entender.  Astros luminosos que pasan día y noche, indiferentes de nuestras acciones y de nuestras vidas, eternos, infinitos.
El mundo está compuesto por dos universos, es lo primero que estos hombres entienden.  Ellos viven la mitad “terrestre”, pero la mitad “celeste” los atrae.  Los seduce con su lenta danza de astros y luces.  Incomprensible y hermoso para ellos.
Pero lo que se ignora, lo incontrolable... se teme.  Las lluvias, los rayos, las sequías, los eclipses vienen a romper un orden perfecto... son caprichos de los astros... y esos caprichos dan miedo, aterran.


EL MUNDO COMO UN ESPEJO

Estos hombres, en su esfuerzo por entender el universo “celeste”, descubren que hay ciertas similitudes entre este mundo y aquel.  El fuego, al igual que el sol, produce luz y calor, entonces el fuego es un nexo entre ambos universos.  El agua es vida, pero también es lluvia, nuestra vida nos es regalada y mantenida.  Así como el día termina en noche, entienden que la vida termina en muerte.
También las analogías son morfológicas.  El círculo, es la representación de los astros, y por ende es una figura sagrada.  Estas personas, comienzan a sentarse en círculos, a veces con un fuego central, para emular las formas en los cielos.  Y así dan origen a los primeros rituales.
Otros elementos sagrados son los metales, que brillan con destellos similares al de las estrellas.  Y de acuerdo a su color, el oro representa al sol, y la plata a la luna.
La luna, y su período de rotación, recuerda los ciclos de la mujer, y por antagonismo el sol comienza a tomar características masculinas.
Así como en la tierra, el cielo refleja la dualidad hombre-mujer.


LOS PRIMEROS SACERDOTES

Este grupo de hombres, cada vez más numeroso, ya tiene ciertos elementos sagrados y ciertos rituales que los acercan un poco más al mundo “celeste”.  Eligen de entre ellos, un grupo de individuos, los más avesados y los que entienden las analogías entre estos dos mundos; para que controlen y cuiden los objetos y rituales sagrados.
Estos sacerdotes también saben del temor que el universo “celeste” nos produce.  Y regulan las acciones del resto por miedo a caprichos o calamidades.  Y así, entienden que si hay objetos sagrados (que nos acercan a aquel universo), también los hay profanos (que nos alejan y desatan nuestros mayores temores).
Los sacerdotes saben como acercarnos a lo deseado, y al mismo tiempo, saben como protegernos:  nos ofrecen un camino hacia la “salvación”.


LAS PROTO-RELIGIONES

De tanto en tanto, aparecen hombres que tienen un entendimiento mayor que el resto.  Que saben explicar ciertas analogías entre ambos mundos de manera lógica y coherente con las creencias existentes, y que además, saben que hay que hacer para acercarnos un poco más a aquel universo “celeste” que tanto nos atrae.
Estos hombre son llamados “profetas”.  Y junto a los sacerdotes, comienzan a elaborar un sin fin de teorías y explicaciones, que amplían el conocimiento “celeste”.  Con el correr del tiempo, y el aporte de nuevos profetas, las similitudes entre ambos mundos comienzan a ser muy numerosas y también muy forzadas.
Comienza a cargarse de “humanidad” a los astros.  Si bien eran caprichosos, ahora también son envidiosos, justos, guerreros, amantes, protectores y piadosos.
Y así el mundo “celeste”, se convierte en el mundo de los dioses.
Y es tan parecido al nuestro, con hombres igual de lujuriosos, que es de esperarse que bajen a nuestro mundo, y tengan hijos con nuestras mujeres.  Hijos mitad hombre y mitad dioses, con poderes divinos, pero mortales, que nos traen la palabra de su “padre” para acercarnos y parecernos, cada vez más a ellos.


LA RELIGIÓN COMO MODO DE GOBIERNO

Con el tiempo, y el aumento de la población, comienzan a formarse las primeras sociedades y se necesitan formas de gobierno que administren las relaciones y comportamientos.  Que mejor para ello, que un grupo de personas que entienden a los dioses y sepan lo que ellos pretenden de nosotros.
De este modo, la religión se vuelve política.
Debe controlar y abogar por la seguridad social.  Debe generar ritos y objetos sagrados que la mantengan en armonía.  Debe bendecir las uniones maritales, respetar los hijos, el trabajo, las pertenencias y las mujeres.  Se castiga todo aquel que manipule objetos profanos o sencillamente no acate las normas del grupo controlador.
Todo lo que hace bien a la sociedad y su funcionamiento, es bueno, sagrado, avalado por los dioses.  El resto es inmoral, decadente... lo profano.
Y así las religiones ya no solo forman la moral de los pueblos, sino también su conducta y comportamiento.
Si una enfermedad se transmite por los cerdos, es un castigo divino.  Entonces, comerlo es un acto profano y deber ser regulado por las normas religiosas.
Si una enfermedad se transmite sexualmente, el sexo libre debe ser castigado y reglamentado.
Si alguien encuentra nuevas analogías entre los mundos, o simplemente se atreve a cuestionar el conocimiento que los sacerdotes tienen de los dioses, se lo castiga y condena de “hereje”.
Todo aquel que no comparte los cánones es un infiel, y será castigado por los dioses (o sus representantes en la tierra).  El único camino posible es el impuesto, el que nos fue marcado por nuestros ancestros y los escritos que ellos nos legaron.


CONCLUSIÓN

En este ensayo quiero rescatar un par de cosas.  La primera: el afán por entender lo que no entendemos: la eterna búsqueda de conocimiento (o teorizaciones) para aplacar nuestros mayores miedos.  En este camino, corremos el riesgo de querer acercarnos tanto a lo ignorado, que terminamos explicándolo como si fuéramos nosotros mismos: a nuestra imagen y semejanza.
Lo segundo:  Ninguna religión adora a ningún dios.  Todas son formas encubiertas de adorarnos a nosotros mismos como género humano, de separarnos de la naturaleza y de pensar que somos en cierta medida dioses.
La tercera:  Todas las supuestas explicaciones que tenemos y los ritos que practicamos, no sirven de otra cosa que para alejarnos de nuestros miedos, de nuestra incertidumbre, y dejarnos tranquilos por un tiempo.  Dejemos esas formas de placebo y enfrentémosnos a nuestros miedos más antiguos.

Si hay un camino para entender el universo “celeste”, no es el impuesto.
Generemos una búsqueda nueva, sabiendo de los errores cometidos.  Retomemos la creencia de nuestros ancestros, y su espíritu por querer acercarse un poco más al universo.
La búsqueda de la armonía, la luz y la belleza de los astros, que nos sedujeron aquella primera noche que despertamos en el bosque.

J.-

3.25.2011

No hay cosa que respete más, que una mujer que rechaza sujetos como yo.

—Después de mucho pensar lo entendí —dije mientras sacaba la grasa de una tira cuadril.
—¿Que cosa?
—Esto, lo que estamos haciendo.
Ella miró sus manos cortando el jamón, aún olían a cebollas.
—Buscamos una excusa para gustarnos —dije después de una pausa dramática—. Todas las mujeres que seduje en la vida, todas las que invité al cine, regalé flores, y envié chocolates; todas se comportaban como reinas dignas de adoración, y yo, simple súdbito, cumplía sus caprichos buscando el favor imperial.  Una sonrisa, un palabra, o un beso; eran el premio a un esfuerzo diario por conquistarlas, por agradarles, por gustarles tanto como a mí me gustaban.
Ella dejó el cuchillo sobre la mesada, me veía con ojos expectantes.  Bella y hermosa, talvez por culpa de la cebolla, sus ojos brillaban como el rocío de la mañana.  A toda mujer le gustan los sinceramientos del sexo opuesto.
—A todas ellas les mentí.  —dije mientras seguía fileteando la carne—. Les mostré algo que yo no era, lo que yo creía que a ellas les gustaba.  No lo que me gustaba a mí.  Y cuando lo lograba, cuando conquistaba la cima del Everest, sentía la misma decepción que siente Clark Kent, cuando Luisa le confiesa estar enamorada de Superman.
—En realidad la metáfora es inútil, Superman es el que se disfraza de Clark Kent.
La miré con cierta irritación.
—No importa.  Lo que quiero decir es que no me preocupa si lo consigo —sus ojos volvieron a brillar—, entendí lo siguiente:  No te estoy cocinando comida árabe, me lo estoy cocinando para mí.  El vino que estamos tomando, es el vino que a mí me gusta.  Y lo que estamos escuchando, es en realidad lo que tengo ganas de escuchar.  Hoy, en esta casa, solo sos una excusa para gustarme a mí mismo.
Ella arrugó un poco la nariz, siempre lo hace cuando no le agradan las cosas que digo.
—No estoy seduciéndote para enamorarte, no estoy siendo alguien que no soy, no me importa si esta noche tenemos sexo.   Porque lo único que pretendía hoy cuando te llamé, era solo disfrutar este momento.  Este preciso momento, en que me siento enamorado y feliz.  Por ello quiero darte las gracias, agradecerte por haber venido, porque soló tú me faltabas.  -Compre la carne la esta mañana, junto al vino que me gusta.  La música, siempre estuvo allí, porque son los discos que siempre escucho.-  Sólo me faltabas vos para completar este momento.  Para justificar esta cena, sólo sos una excusa de esta puesta tan egoísta.  No eres actor de este momento, solo eres el público.  Arriba del escenario hay un hombre que hace lo más le gusta hacer, y con ello es feliz.
Ella levantó la vista, una enorme y hermosa sonrisa se dibujaba en su rostro.
—Confuso... pero siempre sabes que decirle a una chica.
Me llené de orgullo, tenía todo lo que me gusta y quiero.  Reflejarme en unos ojos diáfanos, no como el hombre que soy, sinó como el que pretendo ser.
Ella continuó, con tono solemne: —Has encontrado el mayor de los secretos, has probado la última llave de la seducción, y lo has disfrazado de renuncia.  Has bajado al rey, y lo convertiste en súdbito, y ahora soy yo quien debo pelear por tí.  Porque tú, que acabas de entender las reglas de un juego macabro, ahora lo usas a tu favor.  Soy yo quien ahora debe preocuparse en gustarte, soy yo quien debe ser lo que no soy.  El vino es solo para embrigarme, la música es sugerente, y el hecho de que cocines, solo te sirve como un instrumento para cumplir tu papel, para regular las pausas, como Hamlet utiliza el cráneo de Yorick.  No hiciste más que probar otra llave.  Crees que puedes salir de tu prisión, pero en realidad siempre estás buscando el mismo beso.
» ¿No se te ocurrió pensar que te sientes rey porque yo lo quiero?
Yo la miraba boquiabierto. Y siguió:
—Crees haber entendido las reglas de la seducción, haber descubierto la carta que le gana a todas.  Pero tengo que decirte que no puedes entender las reglas de un juego que fue creado junto con Eva, y llega a mí probado durante miles de años.  ¿Porqué piensas que las mujeres reímos y lloramos?  Simplemente porque así aprendemos a jugar, hasta aprendemos a usar también la risa y el llanto para seducirlos.
» La orgullosa soy yo.  Porque veo que has entendido la prisión que te ata amí y a todas las mujeres que han pasado por tu vida.  Has demostrado que eres el único que puede entender el fatídico destino: de este juego no puedes escapar.  En mis genes están las reglas, y tus genes son las fichas.
Y cerró su declaración con un tierno besos en los labios.
—Te lo has ganado.
Nunca más, hablamos del tema.

2.09.2011

El rompecabezas más grande del mundo.

Tal vez este sea el post más personal que he escrito.  Porque sencillamente voy a hablar de mí.  Quiero explicar algunas cosas, dejar constancia de mis pensamientos en algún remoto disco duro, antes que no pueda ponerlo en palabras.


Breve historia de un ñoño.

Todo comenzó cuando era niño.  No éramos una familia rica, tampoco éramos pobres.  Recuerdo que tomábamos la leche en la escuela, y teníamos zapatos del Paicor (creo que mi madre aún siente vergüenza por ello.  A mí me llena de orgullo).
Padre: artesano, mal negociante (igual que yo).  Madre: ama de casa, con un marcado gusto por la pintura.  Ella nunca viajó mucho, creo que me sobran los dedos de una mano para contar las provincias que conoce.  De cualquier modo, su “conocimiento” era lo que más admiraba.  En casa había (y lo hay hasta ahora) una gran pared tapada de libros, desde el zócalo hasta el techo.  Cientos o quizá miles de libros viejos y amarillentos.  Esa mujer, que había crecido en el campo y tubo que trabajar desde joven; tenía libros de Egipto, de astronomía, de medicina, de historia mundial y argentina, novelas, religiones, atlas de geografía, varias enciclopedias, la colección completa de Borges... todos forrados con simples papeles de colores.
El primer libro que leí fue “Los Mosqueteros” de Alejandro Dumas.  Tenía ocho años.  Lo leí tres veces.

Creerás, ocasional lector, que mi familia no era muy distinta a la de Charles Ingals.  En realidad lo único que faltaba era amor.  No se porqué.  Eran “otras épocas”, y mis padres habían sido educados por personas de “otras épocas” aún más antiguas.  En definitiva, llegué a la adolescencia con una baja autoestima, poca fe en mí, tímido y auto-acomplejado.
Mi único sostén eran los libros.  Y con ellos buscaba el amor que me faltaba.

Fuí el mejor alumno, ocasional abanderado, primer premio en las olimpiadas de matemáticas.  Mi primer ensayo lo escribí a los catorce, y eran veinte hojas escritas en una Olivetti.  En la feria de ciencias, mi trabajo consistía en la Revolución Luterana del siglo XVI.
Era Lisa Simpson.

Había probado las aguas, y tenía la sed del conocimiento.  Como el hambre de Erisicton, mi sed era insaciable.  Leí de todo lo que podía: química, biología, mitología de todas las culturas, historia, física, sociología, psicología, geografía y todo tipo de novelas... entiendo la teoría de la Relatividad de Einstein, leí el Corán y el Bhagavad-gītā, la teoría del Caos de Lorenzo, también a Thomas Malthus.  Arte Gótico y Renacentista, Carl Marx, Nietzsche y Platón, Stephen Hawking y Darwin...  A veces me encuentro en la calle, defendiendo el concepto de la “inteligencia infinita” de Borges; o en un boliche, hablando del Límite de Sucesos de los agujeros negros.
Ostento conocimiento porque no tengo otra cosa.  Es el modo infantil que tengo de tapar mis putas inseguridades.

Pero he aprendido a quererme de este modo.


El rompecabezas.

Imaginemos que compramos el rompecabezas más grande que hemos visto.  Lo sacamos de la caja y vemos que son miles y miles de pequeños pedazos de cartón  Y no hablo del que armaron en Singapur con más de doscientas mil piezas, o el francés que tenía casi dos mil metros cuadrados.  Hablo de uno mucho más grande.
Comenzamos a diseminarlas de modo que entre ellas exista siempre el mismo espacio, y todo esto, con las fichas boca abajo de modo que no podamos verlas.
¿Les parece difícil?.  Imaginemos que para complicar más el asunto, hay una sola regla:  sólo podemos dar vuelta dos fichas, una vez encontremos otras dos fichas que sean compatibles.  Osea, conocer la ubicación de una y su “significado”, nos permite tener dos nuevas posibilidades.
En otras palabras, lo que quiero decir es que cada “respuesta” nos generas nuevas “preguntas”, así es la búsqueda del conocimiento.  Una tarea metódica, obsesiva y paciente.
Como se imaginarán, este juego lleva mucho tiempo.  Muchos creén que las fichas son infinitas, que el conocimiento nunca se acaba.  Estos son los que abandonan, y critican a los que aún estamos en el juego. A otros, simplemente no les importa.

Escribo este post, para deciros que hay un premio.  Pocas personas en el mundo han llegado a finalizar el rompecabezas, entender cada una de las piezas en que está diseminado el saber y transformar el conocimiento en sabiduría.  Ellos “saben” la razón de la vida, qué es el amor, de que está compuesta el alma y que hay después de la muerte.  Ellos son capaces de describirnos a Dios.

Pero resulta que este conocimiento es imposible transmitirlo.  Esas personas hablan un idioma distinto, metafórico, con alegorías y paradojas.  Cada ficha que das vuelta te cambia un poco, y ellos han cambiado mucho.  Ya no son hombres.

Estos “sabios” no piensan en antagónicos.  Lo malo y lo bueno, el amor y el odio, o la vida y la muerte, son para ellos divisiones absurdas.  Ellos piensan globalmente, como si cada pequeña cosa, cada día de nuestra vida, formara parte de un todo.  Ellos son el todo. Transformaron su vida y se transformaron ellos mismos para mostrarnos el camino a seguir.
Las religiones se basan en el conocimiento que estos pocos “despiertos” delegaron al mundo.  Pero como he dicho, este conocimiento no se transmite.  Sólo tomamos algunos principios y los tergiversamos a nuestra conveniencia.  Distorsionamos su significado porque somos incapaces de comprenderlo.  Porque para hacerlo, tenemos que cambiar nuestro modo de pensar, de sentir, de amar.

Las personas que han llegado al conocimiento, son llamados “despiertos”, ídolos, héroes, sabios, genios o porqué no: “semi-dioses”.
Estos hombres me inspiran a seguir, a querer ver lo que ellos vieron.  A comprender el mundo y la vida, del mismo modo que ellos lo hicieron .  Y este sólo deseo, me está cambiando.

Tengo cientos de pensamientos en la cabeza.  Fichas que se encajan todo el tiempo y nuevas que me paso la noche tratando de entender.  Estoy comprendiendo cosas para las cuales ya no hay palabras; ideas que rondan en mi cabeza, incapaz de explicarlas, pero con la seguridad de que son ciertas.
De este modo puedo decir que en realidad el rompecabezas es nuestra propia vida.  No me pidan explicarlo.
También sé que este juego se torna cada vez más peligroso, cada vez más solitario.  Despierto por la noche con pensamientos enormes y complejos, epifanías que me mantienen en vela con una sonrisa de felicidad.  Por si no lo notaron ya, disfruto del conocimiento como una droga.

Di vuelta una ficha que no quería ver y me niego a ponerla en su lugar.
Entendí que mi propio conocimiento, del que tanto estoy orgulloso, ya no me sirve.  Acabo de entender que para seguir adelante, tengo que negar el conocimiento mismo.
Este es el caso de las paradojas que tampoco se pueden explicar.

¿Quiero una vida solitaria, donde mis pensamientos sean incompredidos por la mayoría?
¿Estoy dispuesto a perder todo lo que he sido y las cosas que he logrado en tantos años por seguir adelante?.  Mi conocimiento, mi orgullo y mi ego, es también mi lastre.  Si lo dejo, quizás algún día encuentre La Sabiduría, a precio de perder mi propia identidad.
En realidad, tengo que ser el niño tímido e inseguro que era (y sigo siendo). El conocimiento es solo una coraza, una muleta, un placebo; como los son también todas las cosas materiales. Tengo que encontrar el amor que estoy buscado de otros modos, más infantiles, más curiosos y espontáneos. Sorprendiéndome a cada paso, sin tomar nada en serio, jugando. Justamente, como niño.

Dicen que el saber, a veces se torna locura.  Creemos que son antagónicos, pero en realidad son la misma cosa.

Comienzo a entenderlo. ;)

J.-