5.04.2011

El Origen de las Religiones


Si bien he planteado anteriormente algunas observaciones desde la Comparación de Religiones, en este caso me quiero abocar a una opinión formada que tengo sobre el origen de las mismas.  La creencia en una religión, más específicamente, en una cosmogonía del universo y nuestra participación en ella, es innato a la raza humana y viene desde nosotros mismos, por un simple proceso de pensamiento lógico que quiero teorizar y ejemplificar.


Imaginemos un grupo de personas que no tengan ningún conocimiento religioso, carecen de teoría sobre la creación del hombre y de su mundo.  Nunca escucharon hablar de dioses, ni de castigos divinos.  De ritos, ni de iglesias.
Imaginemos, un grupo de personas (quizás nuestros ancestros homínidos) que se despiertan en medio del bosque, sin saber como llegaron y sin saber si quiera que son.
Pero hay algo que los atrae, los moviliza racionalmente y les da miedo.


DOS MUNDOS ANTAGÓNICOS

“La naturaleza no sabe de lineas rectas”... quizás, la única línea recta que exista en todo el globo sea la línea del horizonte.  
El horizonte, divide el mundo en dos.  La mitad inferior, el mundo “terrenal”, es un mundo “medible”.  Que se puede tocar, se puede manipular.  Puedo abrir una naranja y verla por dentro, puedo abrir un animal y entender sus partes y su funcionamiento.  Puedo entender este universo.  Este mundo cambia, se modifica y nosotros formamos parte de ese cambio.  Lo manipulo, lo entiendo, soy parte de él.
La otra midad del universo, la mitad “celeste”, es un desafío para los sentidos y la racionalidad.  No lo puedo tocar, ni mucho menos entender.  Astros luminosos que pasan día y noche, indiferentes de nuestras acciones y de nuestras vidas, eternos, infinitos.
El mundo está compuesto por dos universos, es lo primero que estos hombres entienden.  Ellos viven la mitad “terrestre”, pero la mitad “celeste” los atrae.  Los seduce con su lenta danza de astros y luces.  Incomprensible y hermoso para ellos.
Pero lo que se ignora, lo incontrolable... se teme.  Las lluvias, los rayos, las sequías, los eclipses vienen a romper un orden perfecto... son caprichos de los astros... y esos caprichos dan miedo, aterran.


EL MUNDO COMO UN ESPEJO

Estos hombres, en su esfuerzo por entender el universo “celeste”, descubren que hay ciertas similitudes entre este mundo y aquel.  El fuego, al igual que el sol, produce luz y calor, entonces el fuego es un nexo entre ambos universos.  El agua es vida, pero también es lluvia, nuestra vida nos es regalada y mantenida.  Así como el día termina en noche, entienden que la vida termina en muerte.
También las analogías son morfológicas.  El círculo, es la representación de los astros, y por ende es una figura sagrada.  Estas personas, comienzan a sentarse en círculos, a veces con un fuego central, para emular las formas en los cielos.  Y así dan origen a los primeros rituales.
Otros elementos sagrados son los metales, que brillan con destellos similares al de las estrellas.  Y de acuerdo a su color, el oro representa al sol, y la plata a la luna.
La luna, y su período de rotación, recuerda los ciclos de la mujer, y por antagonismo el sol comienza a tomar características masculinas.
Así como en la tierra, el cielo refleja la dualidad hombre-mujer.


LOS PRIMEROS SACERDOTES

Este grupo de hombres, cada vez más numeroso, ya tiene ciertos elementos sagrados y ciertos rituales que los acercan un poco más al mundo “celeste”.  Eligen de entre ellos, un grupo de individuos, los más avesados y los que entienden las analogías entre estos dos mundos; para que controlen y cuiden los objetos y rituales sagrados.
Estos sacerdotes también saben del temor que el universo “celeste” nos produce.  Y regulan las acciones del resto por miedo a caprichos o calamidades.  Y así, entienden que si hay objetos sagrados (que nos acercan a aquel universo), también los hay profanos (que nos alejan y desatan nuestros mayores temores).
Los sacerdotes saben como acercarnos a lo deseado, y al mismo tiempo, saben como protegernos:  nos ofrecen un camino hacia la “salvación”.


LAS PROTO-RELIGIONES

De tanto en tanto, aparecen hombres que tienen un entendimiento mayor que el resto.  Que saben explicar ciertas analogías entre ambos mundos de manera lógica y coherente con las creencias existentes, y que además, saben que hay que hacer para acercarnos un poco más a aquel universo “celeste” que tanto nos atrae.
Estos hombre son llamados “profetas”.  Y junto a los sacerdotes, comienzan a elaborar un sin fin de teorías y explicaciones, que amplían el conocimiento “celeste”.  Con el correr del tiempo, y el aporte de nuevos profetas, las similitudes entre ambos mundos comienzan a ser muy numerosas y también muy forzadas.
Comienza a cargarse de “humanidad” a los astros.  Si bien eran caprichosos, ahora también son envidiosos, justos, guerreros, amantes, protectores y piadosos.
Y así el mundo “celeste”, se convierte en el mundo de los dioses.
Y es tan parecido al nuestro, con hombres igual de lujuriosos, que es de esperarse que bajen a nuestro mundo, y tengan hijos con nuestras mujeres.  Hijos mitad hombre y mitad dioses, con poderes divinos, pero mortales, que nos traen la palabra de su “padre” para acercarnos y parecernos, cada vez más a ellos.


LA RELIGIÓN COMO MODO DE GOBIERNO

Con el tiempo, y el aumento de la población, comienzan a formarse las primeras sociedades y se necesitan formas de gobierno que administren las relaciones y comportamientos.  Que mejor para ello, que un grupo de personas que entienden a los dioses y sepan lo que ellos pretenden de nosotros.
De este modo, la religión se vuelve política.
Debe controlar y abogar por la seguridad social.  Debe generar ritos y objetos sagrados que la mantengan en armonía.  Debe bendecir las uniones maritales, respetar los hijos, el trabajo, las pertenencias y las mujeres.  Se castiga todo aquel que manipule objetos profanos o sencillamente no acate las normas del grupo controlador.
Todo lo que hace bien a la sociedad y su funcionamiento, es bueno, sagrado, avalado por los dioses.  El resto es inmoral, decadente... lo profano.
Y así las religiones ya no solo forman la moral de los pueblos, sino también su conducta y comportamiento.
Si una enfermedad se transmite por los cerdos, es un castigo divino.  Entonces, comerlo es un acto profano y deber ser regulado por las normas religiosas.
Si una enfermedad se transmite sexualmente, el sexo libre debe ser castigado y reglamentado.
Si alguien encuentra nuevas analogías entre los mundos, o simplemente se atreve a cuestionar el conocimiento que los sacerdotes tienen de los dioses, se lo castiga y condena de “hereje”.
Todo aquel que no comparte los cánones es un infiel, y será castigado por los dioses (o sus representantes en la tierra).  El único camino posible es el impuesto, el que nos fue marcado por nuestros ancestros y los escritos que ellos nos legaron.


CONCLUSIÓN

En este ensayo quiero rescatar un par de cosas.  La primera: el afán por entender lo que no entendemos: la eterna búsqueda de conocimiento (o teorizaciones) para aplacar nuestros mayores miedos.  En este camino, corremos el riesgo de querer acercarnos tanto a lo ignorado, que terminamos explicándolo como si fuéramos nosotros mismos: a nuestra imagen y semejanza.
Lo segundo:  Ninguna religión adora a ningún dios.  Todas son formas encubiertas de adorarnos a nosotros mismos como género humano, de separarnos de la naturaleza y de pensar que somos en cierta medida dioses.
La tercera:  Todas las supuestas explicaciones que tenemos y los ritos que practicamos, no sirven de otra cosa que para alejarnos de nuestros miedos, de nuestra incertidumbre, y dejarnos tranquilos por un tiempo.  Dejemos esas formas de placebo y enfrentémosnos a nuestros miedos más antiguos.

Si hay un camino para entender el universo “celeste”, no es el impuesto.
Generemos una búsqueda nueva, sabiendo de los errores cometidos.  Retomemos la creencia de nuestros ancestros, y su espíritu por querer acercarse un poco más al universo.
La búsqueda de la armonía, la luz y la belleza de los astros, que nos sedujeron aquella primera noche que despertamos en el bosque.

J.-

3.25.2011

No hay cosa que respete más, que una mujer que rechaza sujetos como yo.

—Después de mucho pensar lo entendí —dije mientras sacaba la grasa de una tira cuadril.
—¿Que cosa?
—Esto, lo que estamos haciendo.
Ella miró sus manos cortando el jamón, aún olían a cebollas.
—Buscamos una excusa para gustarnos —dije después de una pausa dramática—. Todas las mujeres que seduje en la vida, todas las que invité al cine, regalé flores, y envié chocolates; todas se comportaban como reinas dignas de adoración, y yo, simple súdbito, cumplía sus caprichos buscando el favor imperial.  Una sonrisa, un palabra, o un beso; eran el premio a un esfuerzo diario por conquistarlas, por agradarles, por gustarles tanto como a mí me gustaban.
Ella dejó el cuchillo sobre la mesada, me veía con ojos expectantes.  Bella y hermosa, talvez por culpa de la cebolla, sus ojos brillaban como el rocío de la mañana.  A toda mujer le gustan los sinceramientos del sexo opuesto.
—A todas ellas les mentí.  —dije mientras seguía fileteando la carne—. Les mostré algo que yo no era, lo que yo creía que a ellas les gustaba.  No lo que me gustaba a mí.  Y cuando lo lograba, cuando conquistaba la cima del Everest, sentía la misma decepción que siente Clark Kent, cuando Luisa le confiesa estar enamorada de Superman.
—En realidad la metáfora es inútil, Superman es el que se disfraza de Clark Kent.
La miré con cierta irritación.
—No importa.  Lo que quiero decir es que no me preocupa si lo consigo —sus ojos volvieron a brillar—, entendí lo siguiente:  No te estoy cocinando comida árabe, me lo estoy cocinando para mí.  El vino que estamos tomando, es el vino que a mí me gusta.  Y lo que estamos escuchando, es en realidad lo que tengo ganas de escuchar.  Hoy, en esta casa, solo sos una excusa para gustarme a mí mismo.
Ella arrugó un poco la nariz, siempre lo hace cuando no le agradan las cosas que digo.
—No estoy seduciéndote para enamorarte, no estoy siendo alguien que no soy, no me importa si esta noche tenemos sexo.   Porque lo único que pretendía hoy cuando te llamé, era solo disfrutar este momento.  Este preciso momento, en que me siento enamorado y feliz.  Por ello quiero darte las gracias, agradecerte por haber venido, porque soló tú me faltabas.  -Compre la carne la esta mañana, junto al vino que me gusta.  La música, siempre estuvo allí, porque son los discos que siempre escucho.-  Sólo me faltabas vos para completar este momento.  Para justificar esta cena, sólo sos una excusa de esta puesta tan egoísta.  No eres actor de este momento, solo eres el público.  Arriba del escenario hay un hombre que hace lo más le gusta hacer, y con ello es feliz.
Ella levantó la vista, una enorme y hermosa sonrisa se dibujaba en su rostro.
—Confuso... pero siempre sabes que decirle a una chica.
Me llené de orgullo, tenía todo lo que me gusta y quiero.  Reflejarme en unos ojos diáfanos, no como el hombre que soy, sinó como el que pretendo ser.
Ella continuó, con tono solemne: —Has encontrado el mayor de los secretos, has probado la última llave de la seducción, y lo has disfrazado de renuncia.  Has bajado al rey, y lo convertiste en súdbito, y ahora soy yo quien debo pelear por tí.  Porque tú, que acabas de entender las reglas de un juego macabro, ahora lo usas a tu favor.  Soy yo quien ahora debe preocuparse en gustarte, soy yo quien debe ser lo que no soy.  El vino es solo para embrigarme, la música es sugerente, y el hecho de que cocines, solo te sirve como un instrumento para cumplir tu papel, para regular las pausas, como Hamlet utiliza el cráneo de Yorick.  No hiciste más que probar otra llave.  Crees que puedes salir de tu prisión, pero en realidad siempre estás buscando el mismo beso.
» ¿No se te ocurrió pensar que te sientes rey porque yo lo quiero?
Yo la miraba boquiabierto. Y siguió:
—Crees haber entendido las reglas de la seducción, haber descubierto la carta que le gana a todas.  Pero tengo que decirte que no puedes entender las reglas de un juego que fue creado junto con Eva, y llega a mí probado durante miles de años.  ¿Porqué piensas que las mujeres reímos y lloramos?  Simplemente porque así aprendemos a jugar, hasta aprendemos a usar también la risa y el llanto para seducirlos.
» La orgullosa soy yo.  Porque veo que has entendido la prisión que te ata amí y a todas las mujeres que han pasado por tu vida.  Has demostrado que eres el único que puede entender el fatídico destino: de este juego no puedes escapar.  En mis genes están las reglas, y tus genes son las fichas.
Y cerró su declaración con un tierno besos en los labios.
—Te lo has ganado.
Nunca más, hablamos del tema.

2.09.2011

El rompecabezas más grande del mundo.

Tal vez este sea el post más personal que he escrito.  Porque sencillamente voy a hablar de mí.  Quiero explicar algunas cosas, dejar constancia de mis pensamientos en algún remoto disco duro, antes que no pueda ponerlo en palabras.


Breve historia de un ñoño.

Todo comenzó cuando era niño.  No éramos una familia rica, tampoco éramos pobres.  Recuerdo que tomábamos la leche en la escuela, y teníamos zapatos del Paicor (creo que mi madre aún siente vergüenza por ello.  A mí me llena de orgullo).
Padre: artesano, mal negociante (igual que yo).  Madre: ama de casa, con un marcado gusto por la pintura.  Ella nunca viajó mucho, creo que me sobran los dedos de una mano para contar las provincias que conoce.  De cualquier modo, su “conocimiento” era lo que más admiraba.  En casa había (y lo hay hasta ahora) una gran pared tapada de libros, desde el zócalo hasta el techo.  Cientos o quizá miles de libros viejos y amarillentos.  Esa mujer, que había crecido en el campo y tubo que trabajar desde joven; tenía libros de Egipto, de astronomía, de medicina, de historia mundial y argentina, novelas, religiones, atlas de geografía, varias enciclopedias, la colección completa de Borges... todos forrados con simples papeles de colores.
El primer libro que leí fue “Los Mosqueteros” de Alejandro Dumas.  Tenía ocho años.  Lo leí tres veces.

Creerás, ocasional lector, que mi familia no era muy distinta a la de Charles Ingals.  En realidad lo único que faltaba era amor.  No se porqué.  Eran “otras épocas”, y mis padres habían sido educados por personas de “otras épocas” aún más antiguas.  En definitiva, llegué a la adolescencia con una baja autoestima, poca fe en mí, tímido y auto-acomplejado.
Mi único sostén eran los libros.  Y con ellos buscaba el amor que me faltaba.

Fuí el mejor alumno, ocasional abanderado, primer premio en las olimpiadas de matemáticas.  Mi primer ensayo lo escribí a los catorce, y eran veinte hojas escritas en una Olivetti.  En la feria de ciencias, mi trabajo consistía en la Revolución Luterana del siglo XVI.
Era Lisa Simpson.

Había probado las aguas, y tenía la sed del conocimiento.  Como el hambre de Erisicton, mi sed era insaciable.  Leí de todo lo que podía: química, biología, mitología de todas las culturas, historia, física, sociología, psicología, geografía y todo tipo de novelas... entiendo la teoría de la Relatividad de Einstein, leí el Corán y el Bhagavad-gītā, la teoría del Caos de Lorenzo, también a Thomas Malthus.  Arte Gótico y Renacentista, Carl Marx, Nietzsche y Platón, Stephen Hawking y Darwin...  A veces me encuentro en la calle, defendiendo el concepto de la “inteligencia infinita” de Borges; o en un boliche, hablando del Límite de Sucesos de los agujeros negros.
Ostento conocimiento porque no tengo otra cosa.  Es el modo infantil que tengo de tapar mis putas inseguridades.

Pero he aprendido a quererme de este modo.


El rompecabezas.

Imaginemos que compramos el rompecabezas más grande que hemos visto.  Lo sacamos de la caja y vemos que son miles y miles de pequeños pedazos de cartón  Y no hablo del que armaron en Singapur con más de doscientas mil piezas, o el francés que tenía casi dos mil metros cuadrados.  Hablo de uno mucho más grande.
Comenzamos a diseminarlas de modo que entre ellas exista siempre el mismo espacio, y todo esto, con las fichas boca abajo de modo que no podamos verlas.
¿Les parece difícil?.  Imaginemos que para complicar más el asunto, hay una sola regla:  sólo podemos dar vuelta dos fichas, una vez encontremos otras dos fichas que sean compatibles.  Osea, conocer la ubicación de una y su “significado”, nos permite tener dos nuevas posibilidades.
En otras palabras, lo que quiero decir es que cada “respuesta” nos generas nuevas “preguntas”, así es la búsqueda del conocimiento.  Una tarea metódica, obsesiva y paciente.
Como se imaginarán, este juego lleva mucho tiempo.  Muchos creén que las fichas son infinitas, que el conocimiento nunca se acaba.  Estos son los que abandonan, y critican a los que aún estamos en el juego. A otros, simplemente no les importa.

Escribo este post, para deciros que hay un premio.  Pocas personas en el mundo han llegado a finalizar el rompecabezas, entender cada una de las piezas en que está diseminado el saber y transformar el conocimiento en sabiduría.  Ellos “saben” la razón de la vida, qué es el amor, de que está compuesta el alma y que hay después de la muerte.  Ellos son capaces de describirnos a Dios.

Pero resulta que este conocimiento es imposible transmitirlo.  Esas personas hablan un idioma distinto, metafórico, con alegorías y paradojas.  Cada ficha que das vuelta te cambia un poco, y ellos han cambiado mucho.  Ya no son hombres.

Estos “sabios” no piensan en antagónicos.  Lo malo y lo bueno, el amor y el odio, o la vida y la muerte, son para ellos divisiones absurdas.  Ellos piensan globalmente, como si cada pequeña cosa, cada día de nuestra vida, formara parte de un todo.  Ellos son el todo. Transformaron su vida y se transformaron ellos mismos para mostrarnos el camino a seguir.
Las religiones se basan en el conocimiento que estos pocos “despiertos” delegaron al mundo.  Pero como he dicho, este conocimiento no se transmite.  Sólo tomamos algunos principios y los tergiversamos a nuestra conveniencia.  Distorsionamos su significado porque somos incapaces de comprenderlo.  Porque para hacerlo, tenemos que cambiar nuestro modo de pensar, de sentir, de amar.

Las personas que han llegado al conocimiento, son llamados “despiertos”, ídolos, héroes, sabios, genios o porqué no: “semi-dioses”.
Estos hombres me inspiran a seguir, a querer ver lo que ellos vieron.  A comprender el mundo y la vida, del mismo modo que ellos lo hicieron .  Y este sólo deseo, me está cambiando.

Tengo cientos de pensamientos en la cabeza.  Fichas que se encajan todo el tiempo y nuevas que me paso la noche tratando de entender.  Estoy comprendiendo cosas para las cuales ya no hay palabras; ideas que rondan en mi cabeza, incapaz de explicarlas, pero con la seguridad de que son ciertas.
De este modo puedo decir que en realidad el rompecabezas es nuestra propia vida.  No me pidan explicarlo.
También sé que este juego se torna cada vez más peligroso, cada vez más solitario.  Despierto por la noche con pensamientos enormes y complejos, epifanías que me mantienen en vela con una sonrisa de felicidad.  Por si no lo notaron ya, disfruto del conocimiento como una droga.

Di vuelta una ficha que no quería ver y me niego a ponerla en su lugar.
Entendí que mi propio conocimiento, del que tanto estoy orgulloso, ya no me sirve.  Acabo de entender que para seguir adelante, tengo que negar el conocimiento mismo.
Este es el caso de las paradojas que tampoco se pueden explicar.

¿Quiero una vida solitaria, donde mis pensamientos sean incompredidos por la mayoría?
¿Estoy dispuesto a perder todo lo que he sido y las cosas que he logrado en tantos años por seguir adelante?.  Mi conocimiento, mi orgullo y mi ego, es también mi lastre.  Si lo dejo, quizás algún día encuentre La Sabiduría, a precio de perder mi propia identidad.
En realidad, tengo que ser el niño tímido e inseguro que era (y sigo siendo). El conocimiento es solo una coraza, una muleta, un placebo; como los son también todas las cosas materiales. Tengo que encontrar el amor que estoy buscado de otros modos, más infantiles, más curiosos y espontáneos. Sorprendiéndome a cada paso, sin tomar nada en serio, jugando. Justamente, como niño.

Dicen que el saber, a veces se torna locura.  Creemos que son antagónicos, pero en realidad son la misma cosa.

Comienzo a entenderlo. ;)

J.-

1.23.2011

¿Y si Dios no existe?

Todos hemos nacido con la cuna dentro de alguna religión.  No importa el tiempo ni el lugar.  No importa si creemos en los dioses del Olimpo o en los Egipcios; si creemos en muchos dioses o en uno solo; si somos judíos, cristianos o islámicos.  La creencia en Dios es el concepto más universal del mundo.  Y este concepto, a lo largo de los siglos, ha transformado el comportamiento del mundo entero.  Pongamos por ejemplo algunas características de las llamadas “religiones universales”.

Dios es un ser superior, omnipresente, que todo lo ve y todo lo oye.   Yo, solamente un mortal, soy inferior a él.  Un ser superior, que me ve todo el tiempo para juzgarme genera en mí cierto grado de paranoia, como quien “actúa” para una cámara de seguridad.  Mis actos más privados “impuros y naturales”, me dan vergüenza.
Al mismo tiempo, envidio su omnipresencia ¿Quien no quisiera saberlo todo?.  Y por sobre todo, envidio su inmortalidad.  

Dios es el creador de todo por cuanto vemos y tocamos.  Okey.  Ya nos sentimos seres inferiores, pero también somos curiosos y competitivos.  Si hay algo que alguien hace, nosotros podemos hacerlo mejor.  La humanidad, utiliza a las mentes mas brillantes del mundo para que le enseñen como ser Dios, como poder verlo todo en todo momento, como tener el conocimiento del mundo y de las estrellas, como manipular las reglas del tiempo y el espacio, saber como está construido el genoma humano, como dar vida usando la clonación, etc.

Dios juzga nuestros actos, y a partir de ellos determina quien es bueno y quien es malo.  Aquí aparece el bien y el mal, un concepto tan grande y antiguo como el concepto de Dios.  Y determinarlo, no le corresponde a los hombres, sinó a un ser infinito, dueño de una justicia divina.
La idea del “bien y del mal” es el primer constructor de nuestra escala de valores, la definición de bueno y malo es lo que nos impulsa a tomar decisiones y de este modo modificar nuestra vida y nuestro mundo.  Que es bueno y que es malo, lo define un ser superior (indiferente de nuestros deseos), y es comunicado a nosotros, a través de sus representantes en la tierra.

Cielo o Infierno.  Osea, premio o castigo.  Como si fuéramos niños, pareciera que no tenemos otro modo de aprender.  Necesitamos ser educados a través del miedo.  Además, la idea de un premio a nuestras acciones, hace que éstas tengan implícitas cierto grado de egoísmo, de interés propio.  Por más altruistas que querramos parecer, siempre pensamos en nosotros mismos.

La encarnación del mal.  Todas las religiones tienen una especie de demonio que corporiza las mayores debilidades e iniquidades de la humanidad.  Sus deseos impuros, sus actos de violencia, la mentira, la falsedad y la traición.  El “diablo” sirve para un único propósito, definir por antagonía a Dios de el bueno.  Adoramos al bueno, somos los fieles.  Pero el “diablo” es mentiroso, y hace creer a muchos que es Dios, y muchos son engañados por las palabras de religiones falsas.  Aquellos son los equivocados, los infieles.
La encarnación del mal, existe para polarizar las sociedades:  somos nosotros (los bendecidos por Dios), contra ellos (quienes adoran al diablo).  Las mayores guerras de las historia se hicieron por esta razón.  Todos creemos que somos buenos, y el que piensa distinto a nosotros debe ser aniquilado.  Es palabra de Dios.

Pecado.  Todos hacemos cosas malas, todos pecamos.  Pecamos desde nuestras acciones, pero también pecamos desde nuestros deseos.  No importa lo que hagamos, ya hemos cometido pecado, incluso por el mismo acto de nacer.  El pecado es lo que ofende a Dios, y nosotros lo ponemos en vergüenza.  Me siento culpable, mal, ¿si no le gusto a Dios que es bueno, como le voy a gustar a los demás?.  Culpa.  Al igual que los chicos cuando sienten el remordimiento de haber hecho algo “malo”, estamos obligados a ser obedientes.  Ser bueno, es ser obediente.  Somos obedientes porque tenemos culpa.  La culpa es nuestro grillete, es el medio por la cual pueden doblegarnos y obligarnos a actuar de acuerdo a los intereses de otros.

Dios es nuestro “padre celestial”.  Porque en realidad, la idea de Dios es la de nuestro propio padre: a él le tememos, a él acudimos cuando estamos mal, a él lo buscamos cuando necesitamos un consejo, a él pedimos las cosas que necesitamos.  Siempre nos protege, nos cuida, quiere nuestro bien, y al igual que un padre, nos ama.

Terminado este ejercicio, podemos ver que las religiones universales están basadas en dogmas rígidos y medievales.  En pocas palabras:  Intoleracia (el otro no tiene derecho a pensar distinto),  violencia (castigos divinos e infernales), división de castas (Dios, los representantes de Dios en la tierra, y sus tristes ciervos), y culpa (todos somos pecadores, sufrimos porque lo merecemos).
Este dogma a lo largo de quince siglos, sirvió para otorgarle poder y derecho divino a algunos pocos; generó guerras que costaron la vida de millones; fomentó la comercialización de las santas reliquias y la venta de indulgencias; unió a los representantes de Dios, con el poder político, y a ambos, con el puño de hierro; trató a la mujer como un esclavo, y al esclavo, lo privó de alma; generó la persecución a los científicos, filósofos y cualquier otra persona que pensara distinto.  Este mismo dogma llegó hasta nuestros días: guerras mundiales, hambre, pestes, dos bombas nucleares, codicia, avaricia, guerras por el petróleo, etc.
El pensamiento es simple:  las religiones fueron escritas por hombres, para justificar su accionar.  Cumplir los madamientos y las escrituras, solo le sirve a los “representantes” de Dios (y sus amigos).  Dios existe, de eso estoy convencido.  Como así también se que lo estamos adorando del modo equivocado.  

Pero la intención de este texto es plantear un juego, supongamos por un momento que pasaría si este concepto de Dios desapareciera.
Imaginemos:

No hay ningún ser superior a nosotros.  Somos los seres más evolucionados del planeta, y por ende, la responsabilidad de nuestro presente y futuro depende solamente de nosotros.

No existe el premio y el castigo.  Dios no pone pruebas para evaluar la “fe” de sus seguidores. Todo lo que sucede es el fruto de nuestros actos, somos los responsables de las cosas buenas que nos suceden y también de las cosas malas.  Somos los constructores de nuestra propia suerte, y al darnos cuenta, comenzamos a vivir con conciencia de nuestros actos y de sus frutos.

No existe el mal.  No hay un “diablo” que nos castigue con el infierno.  Nuestros actos no avergüenzan a nadie, no existe el pecado.  Por ende, tampoco el sentimiento de culpa.  Y sin la culpa, no seremos los seres obedientes y temerosos que somos.  Sin el peso de la culpa, podemos desarrollar más libremente nuestra sexualidad, nuestra capacidad de dar amor y recibirlo.  

Nosotros somos Dios.  Somos la especie más evolucionada, responsables de todo lo bueno y lo malo que conocemos.  Somos los actores y guionistas de nuestra propia vida.  Tenemos el poder de crear y destruir.  El budismo lo entendió de este modo:  Dios (Brahman) es la suma de la voluntad de todos los hombres y criaturas que hay en el mundo.  Cada ser vivo, es una parte de Dios (Atman), por ende tenemos la responsabilidad de cuidar y amar nuestra propia existencia.

No hay padre celestial.  No hay quien nos cuide, no hay a quien acudamos por ayuda y consejo.  Solamente estamos nosotros, como hermanos sin padre.  Si necesitamos un consejo, se lo vamos a pedir a un amigo.  Si alguien necesita ayuda, nos la va a pedir a nosotros.  Si hay una persona triste y sola en este mundo, es nuestra responsabilidad.
Además, si queremos algo, ya no basta con ir a un templo y pedirlo, tendremos que tomar la iniciativa y conseguirlo por nosotros mismos.  Esto fomenta la construcción de una mejor autoestima, comenzamos a confiar en nuestras propias capacidades.

Para hablar con Dios, debemos hablar con nosotros mismos.  En nuestro interior, en nuestro espíritu, yace la respuesta a todas nuestras preguntas.  Solo debemos tener la serenidad y la paciencia para buscarlas.  Las respuestas fáciles no existen.  Si queremos paz y armonía, no necesitamos ir a ninguna iglesia, templo o mezquita.  Basta con que estemos en armonía con nosotros mismos, en silencio o en la meditación.

No hay representantes de Dios.  No hay castas eclesiásticas. Nadie nos obliga a memorizar una moral y a actuar en consecuencia.  La única moral que existe es la de nuestros propios actos: las acciones que tienen resultados “positivos”, van a ser “buenas” acciones.  Y biceversa.

No hay cielo.  No hay infierno.  No importa cuanto sufrimiento y hambre hayamos pasado.  No importa si hemos sido perversos o buenos samaritanos.  Todos nos vamos a morir, y no hay premio después de la muerte.  Y como no lo hay, tienes que conseguirlo en vida.  Tienes que ocuparte por “ser feliz”, nadie lo va a hacer por tí.  Tienes que dejar de lado las cosas que te hacen mal, y llenarte de acciones y personas que te hacen bien.  El único cielo posible, es el que construimos con nuestras acciones en vida: amor, amistad, fe, confianza, sabiduría y felicidad.

Si crees en Dios, adórado del modo que creas más conveniente.  Quita la culpa y el miedo de tu corazón, eso confunde tu pensamiento.  Acepta a todos por iguales, porque eso es aceptarse uno mismo.  No pidas a Dios lo que deseas, sólo levánte y empieza a buscarlo.  Dios sólo quiere que seas feliz.

J.-

1.15.2011

"La juventud de hoy está perdida".

Como hombre adulto que pasó la barrera de los 30 hace un par de años, terminé mis estudios y actualmente trabajo en una empresa, tengo derecho a juntarme en la cola del banco o en la verdulería, con gente incluso mayor que yo, y criticar a “la juventud”.  Usando la misma frase que tanto me jodía a los 20: “la juventud de hoy está perdida”.  Si señores, más que nunca.

Los jóvenes siempre se caracterizaron por un espíritu rebelde y curioso.  Históricamente, fueron los generadores de los mayores cambios políticos y sociales.  Las nuevas ideas siempre surgen de los jóvenes: porque tienen ganas, ímpetu, y la suficiente rebeldía como para evitar los caminos comunes y buscar otros caminos.  Ideas nuevas y frescas.
Cuando cambia la juventud, cambia el mundo.
Y cuando cambia el mundo, cambia la juventud.

Hoy estamos viviendo un momento histórico.  Los avances tecnológicos, la globalización de la información, la diversidad de las comunicaciones y un nuevo estilo de vida, han cambiado los paradigmas que durante décadas (o siglos) formaban parte de nuestro modo de desarrollarnos y ver el mundo.  Desde el Renacimiento que no se producía un cambio social tan importante.

Tomemos por ejemplo mi generación: la de los 30s.  Cuando nací no existían las computadoras, ni mucho menos había internet.  Mis juguetes, todos, cabían en un cajón de manzanas.  No existían los celulares.  No había mucha música, sólo la que escuchábamos en la radio (y algunos que grabamos en TDK).  Mi “discoteca” no superaba la decena de CDs (ya era grandecito cuando se popularizaron).
Sin hacer alarde de nostalgia, lo que quiero decir, es que nuestra generación no tuvo muchas posibilidades de elegir: los juguetes eran todos iguales, las bicis también (todas eran rojas), todos tuvimos yo-yos y todos jugamos a las figus y al elástico.  Porque no había otra cosa.  Todos veíamos los mismos programas, los mismos dibus a la tarde, nos cansábamos de ver el Chavo del 8.  No había muchas marcas de jeans, ni de remeras, y todos escuchábamos rock nacional (Charly, Soda o Fito).
Vayan a cualquier fiesta retro-nostálgica de los 80s, y vean... todo lo que hay allí lo hemos tenido todos, porque en realidad... no había tanto.

Esta es la gran diferencia generacional.  Los jóvenes de hoy, nacieron y se criaron en la internet.  Tienen toda la música que quieran escuchar, Ipods con gigasbites de todos los lugares del mundo.  Tienen acceso a todas las películas y series que puedan ver, en el momento que quieran verlas.  Hay cientos de modelos de ropas, de celulares, de cámaras de fotos, hasta los juguetes son cada vez mas raros y complejos.

Nosotros vimos Dragon Ball, durante cuatros años.  Recuerdo que la muerte de Friser duró toda una temporada.  Ellos, en cambio, bajaron la serie de internet, y vieron todos los capítulos en un mes.  Y vieron cientos de series más que ni si quiera sabíamos que existían.
Nosotros por la tarde veíamos el Chavo, porque no había otra cosa.  Ellos ven videos de YouTube, a los tres minutos,se aburren y los cambian, y miran otro, y otro.
Nosotros teníamos un par de jeans, que cuando se ponían viejos, los teñíamos con anilina Colibrí (o si se rompían en las rodillas le poníamos parches de cuero).  Ellos tienen shoppings llenos de tiendas de ropa, zapatillas, camperas y skates.
Nosotros jugábamos al ladrón y al policía.  Ellos jugaron al Counter Strike.
Nunca tuvimos cámara de fotos, salvo durante los viajes y cumpleaños.  El más grande de los rollos, era una AGFA de 36 fotos.  Ellos tuvieron FotoLog.

Lo que quiero decir: es que estoy cansado de que se titule a los jóvenes de la “generación perdida”, nacieron en un mundo que está cambiando todo el tiempo, cada vez mas vertiginoso, y ellos PUDIERON ADAPTARSE.

Señores, la generación que se está “perdiendo” es la nuestra.  
Todo lo que teníamos de chico no va a volver.  Está en el pasado.  Ya no vamos a volver a jugar a la pelota en las plazas.  Ya no vamos a ver chicos jugando en la vereda al pan queso, al elástico o a la rayuela.
No querramos entenderlos, ellos son libres y curiosos y tienen por descubrir un mundo cada vez mas grande.

Ni tampoco los juzguemos, ellos no son mejores ni peores.

Fuimos criados bajo dogmas morales y éticos muy fuertes.  Nuestros padres (la mayoría) fueron cristianos.  De chico hicimos catequesis y fuimos todos los domingos a misa.  Nos enseñaron que era “lo bueno” y “lo malo”.  Preceptos que nos hicieron cautos en la vida, pero también miedosos.
Las escuelas eran rígidas.  Aún conservaban el espíritu militar de los 70s (uniforme obligatorio y pelo corto).  Muchos tuvimos que pasar por el servicio militar y, a algunos de nosotros la guerra de Malvinas nos tocó de cerca.
Crecimos con una ética moral que nos fue impuesta.

La juventud de hoy (y quizás me equivoque al generalizar), ha vivido tiempos más laxos.  De mayores libertades.  Nadie les ha dicho que pensar o hacer.  Ni si quiera hay respeto a la autoridad.

¿La juventud de hoy está perdida?
No tienen nuestra misma ética y moral, nuestro patriotismo, nuestra preocupación por el estado y el gobierno. No la tienen, porque YA NO SIRVE.  
Al igual que nuestro He-Man o nuestros PiniPoys, esa moral tampoco va a volver.

Nosotros, ya estamos perdidos.
El mundo en que crecimos, ya no existe.

Que tienen ellos:  un mundo hermoso por descubrir, y tienen las ganas y la curiosidad por vivirlo.  Van a cometer errores, y empezar de nuevo como lo hicimos todos.  Van a viajar por el mundo, conocer otras culturas y lugares.  El ingles es el idioma universal.  Van a vivir muchos amores, no van a ser duraderos, pero van a ser intensos.  Van a ser lo quieran, cuando lo quieran.  Son libres de responsabilidades.  
Señores, ellos van a vivir lo que nosotros no vivimos.

Van a tener EXPERIENCIA:  La experiencia se hace eligiendo, probando, equivocándose.  La experiencia nos enseña que música es la que más no gusta, a saber como tratar a nuestros amigos.  La experiencia nos enseña los secretos del amor, y las relaciones humanas.  Vivir es llenarse de recuerdos y experiencias.

La experiencia es APRENDER:  Ellos van a descubrir por sí solos “lo bueno” y “lo malo”.  Ellos van a redefinir el amor como un sentimiento altruista.  Ellos tienen como único propósito en la vida: experimentar, conocer y disfrutar.

Señores, no seamos cerrados.  No vivamos en el pasado.  No nos aferremos a paradigmas obsoletos y deficientes.
Imitemóslos, tómemoslos de ejemplo.
Ellos nos están enseñando como tenemos que disfrutar este mundo cada vez mas grande.

J.-